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Otro geriátrico clausurado

Martes 2 de junio. Seis menos cuarto de la de la tarde. En Céspedes entre Freire y Conde reina la quietud y el silencio. Hay un inmenso colegio en la cuadra, pero, obviamente, las voces de los alumnos y sus padres hace meses que no se escuchan por la zona.  Si bien a causa de la cuarentena la calma se adueñó del lugar, lo que sí tuvo alborotada a la zona entre las últimas horas de mayo y las primeras de junio, fue el sonido de sirenas de las ambulancias, el nervioso ir y venir de la gente, la presencia de los móviles de prensa…

Cuando Céspedes al 3100 retomó su tranquilidad habitual, la única señal, acaso, de lo allí que había ocurrido, era un cartel rojo con la inscripción “clausurado”, junto a la puerta del hogar geriátrico ubicado frente al colegio. Entretanto, la noticia ya se había propagado velozmente: cuarenta personas, entre empleados y residentes, se habían contagiado de Covid-19 en el transcurso de los últimos días, problema que, casi en simultáneo, afectó también a un geriátrico del barrio capitalino de San Cristóbal. Todavía estaba fresco el lamentable recuerdo de los hechos acaecidos unas semanas atrás en Avenida de los Incas y Zapiola, cuando una ola de contagios en el establecimiento geriátrico ubicado en el límite entre Belgrano y Colegiales, provocó su evacuación, allanamiento y finalmente, la colocación de la faja de clausura. Siete de los abuelos evacuados, fallecieron a los pocos días.

Móviles de prensa, en Céspedes y Freire.

El hogar de Céspedes al 3100 también terminó clausurado. A pesar de que su director se defendió, argumentando que se siguieron cada uno de los procedimientos que las circunstancias ameritaban, no logró evitar el cierre de la residencia por parte del Ministerio de Salud. Los contagios se sucedieron en forma acelerada. El viernes 22 de mayo se detectó el primer caso, el de una empleada del hogar. A partir de aquel día se le hicieron estudios médicos al personal y a los internos, lo que arrojó un resultado de cuarenta personas contagiadas al momento de la clausura, en la madrugada del 2 de junio (todavía quedaban algunos hisopados por efectuarse). Sólo cinco fueron los casos en los cuales los análisis dieron negativo. En los días previos, los “positivos” habían sido derivados a otros centros de salud.

Céspedes al 3100 recuperó su tranquilidad habitual. Está claro, no obstante, que esta calma no es igual a la anterior. Las imágenes de lo acontecido sobrevuelan y ahora, además del silencio, se entremezcla la sensación de preocupación, y, por sobre todo, el ferviente deseo de que estas cosas no sucedan más, ni en Colegiales ni en ninguna otra parte.

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