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Un domingo de aislamiento flexible

No es un fin de semana común y corriente en Colegiales. Una cuarentena cada vez más permisiva, habilita a la gente a recorrer el barrio como nunca, en lo que va del período restrictivo. Desde el sábado 16, también los chicos pudieron salir de un encierro que llevaba dos meses. Por lo tanto, las calles y avenidas cuentan con su presencia -y la de los adultos que los acompañan- y ya no a cuentagotas, como en los días previos.

El domingo 17, un rato después del mediodía, el panorama sobre Federico Lacroze se ve revestido de un condimento extra: se cortó la luz. El semáforo de la intersección de la avenida y Ramón Freire no funciona. El tránsito no es intenso, pero el desperfecto no pasa inadvertido. Un agente de la Policía de la Ciudad observa, apostado cerca de la sucursal bancaria de la esquina. Los negocios que se encuentran abiertos padecen la falta de energía eléctrica. Algunos cuentan con generador propio y con esfuerzo, solucionan parcialmente el inconveniente. Entretanto, la gente camina y camina. Pasean, hacen compras, o una mezcla de ambas cosas.

En las calles interiores el movimiento es menor, aunque no es difícil darse cuenta de que el aislamiento no tiene la misma dimensión que a fines de marzo o en abril. Sobre Teodoro García, entre Freire y Conde, dos hombres conversan en la puerta de un edificio. También hay un muchacho y dos nenas, que son las nietas de uno de los vecinos. Su interlocutor se lamenta porque en cambio, a sus nietos no puedo verlos desde hace un tiempo prolongado.

A unas cuadras, sobre Enrique Martínez, conversan otros dos vecinos.  Uno sostiene que la cuarentena podría perder su flexibilidad en breve. El incremento del número de infectados de Coronavirus en el ámbito porteño y en el Gran Buenos Aires, es el tema del momento.

A la par del público que salió a la calle en una espectacular jornada de sol, los encargados del reparto a domicilio circulan por doquier. En moto y en bicicleta, por la calzada y la vereda, con la inscripción de una empresa y de otra, el fenómeno “delivery” está en su apogeo, al igual que los barbijos y tapabocas. Gracias a ellos, ya no es posible verle la cara completa a casi nadie. Y lo más extraño, es que, parece, ya nos estamos acostumbrando…

Cerca de las 15 horas, vuelve la luz. La zona afectada recupera su ritmo habitual. Claro, en medio de la pandemia, “habitual” es apenas un término simbólico para calificar a determinados aspectos de la vida cotidiana.

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