Barrio Mío

Carlitos Balá, el pibe del Pasaje Olleros

Balá en su juventud, con Alberto Locati y Jorge Marchesini, en el grupo cómico «Los Tres».

Días atrás, realizábamos la semblanza del histórico Pasaje Olleros  y en un tramo de la nota, mencionábamos tangencialmente que Carlitos Balá, había vivido en su juventud, en esta casa colectiva que  muy cerca está de llegar a su centenario.  “El complejo, tiene luz propia, más allá de quienes residan o hayan residido dentro de sus dominios”, decía textualmente el artículo, que, sin menospreciar al célebre humorista ni a ninguno de sus habitantes, pretendía darle el valor que merecía por sí mismp al lugar al que también se conoce popularmente como Casa Amarilla.

Sin embargo, habiendo sido reconocido ya el Pasaje a través de una descripción exclusiva, ¿cómo obviar una reseña del paso de Carlitos por él? Como para dar el simbólico puntapié inicial, habrá que destacar, entonces, esta cita que el arquitecto Jorge Boullosa realizó en “Para una historia de los barrios de Chacarita y Colegiales”, libro de su autoría publicado en 2008. Estas líneas resultan muy útiles para reconstruir datos históricos de importancia. “Su padre tenía un puesto en el mercado vecino, en la misma cuadra de Olleros y Guevara, con salida también por la Avenida Forest cercana. De familia sirio libanesa, el puesto era llamado Mustafá”.

Para ubicarnos en tiempo y espacio, cabe recordar que Carlitos (Carlos Salim Balaá, según figura en su documento) nació en Buenos Aires el 13 de agosto de 1925. Dos años más tarde, fue inaugurado el Pasaje Olleros, en terrenos que habían pertenecido a la caballeriza de una comisaría. Difícil es precisar –en alguna futura nota habría que hacerlo, lo ideal, sería, de boca del propio actor- si Carlitos vivió allí desde recién nacido, aunque lo más próximo a la realidad, es que sí lo hizo en una parte de su infancia y también en su juventud.

Hace algunos años, la sección Historias para Conocer, de La Nación, publicó un artículo sobre el complejo de la calle Olleros. Una antigua vecina de nombre Graciela Pousa, confirmó en un tramo del texto, que  Balá “vivía en el segundo piso, con su mamá y su hermana. Eran épocas en las que la mayor parte de los departamentos estaban habitados por familias”.

Más conocida, es la anécdota que hace referencia a sus intervenciones cómicas en los vehículos de la línea 39, ya que la terminal, estaba próxima a su lugar de residencia. Aquí, apropiado es regresar a la obra del arquitecto Boullosa, quien ofreció valiosos detalles al respecto: “… era amigo de los choferes de la línea 39 cuando ésta tenía su punto de salida en el café El Volante (llamado así por ese motivo) ubicado en Federico Lacroze y Charlone. Yo viajaba en esa línea donde solía encontrarme a Carlos Balá, que apostado junto a la puerta delantera del colectivo (la que estaba al lado del chofer) desde donde desplegaba su histrionismo, heredado de su madre, para solaz de los que viajábamos en esa línea”.

Hace unos años, las autoridades de la línea le brindaron un gesto de agradecimiento, colocando calcomanías de  su rostro sonriente en los vidrios de las unidades, con esta leyenda: “Muy feliz cumple. Es el deseo de Línea 39”.

Foto: Revista Colectibondi.

Por aquellos años, Carlitos se animaba a dejar sus actuaciones en el transporte porteño  y daba los primeros pasos rumbo a grandes éxitos de los que sería partícipe. Así ganaba un concurso radial bajo el seudónimo de Carlos Valdez, para luego modificar ligeramente su apellido Balaá y seguir su camino en el mundo de la radiofonía. En 1958, ya con 33 años, llegaría el primero de sus hitos artísticos masivos, con la conformación de un trío cómico que además integraban Jorge Marchesini y Alberto Locati.

Los vecinos del Pasaje Olleros y los usuarios de la Línea 39, en tanto, aunque desde otra perspectiva, tendrían una hermosa posibilidad de seguir en contacto con sus desopilantes actuaciones.

 

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