Gente de Cole

«Este es el mejor barrio de toda la Capital»

En Céspedes entre Freire y Zapiola, una tintorería es atendida hace más de 40 años por Omar Shokida. Nacido en Colegiales e hijo de japoneses, junto a su esposa Satomi -que sí nació en Japón- se encargan de todo lo que tiene que ver con el trabajo en el histórico local. Cualquiera que pase caminando por la vereda, podrá comprobarlo fácilmente, ya que el frente vidriado permite ver cómo el matrimonio, entre máquinas y montículos de ropa, con valeroso ímpetu, haga frío o calor, le hace frente a la jornada laboral.

Omar resume de esta manera la historia familiar: «Mi papá era de la ciudad de Okinawa. Al irse de su país vivió varios años en Brasil y se dedicó a la horticultura. Después vino a la Argentina. Se radicó en Ezeiza, donde conoció a mí mamá, y más adelante, por 1960 o 1961, se mudó a Colegiales.  Yo nací en esta misma casa. Luego, nacieron mis otros dos hermanos, José Eduardo y Andrés. Mi papá trabajaba como puestero en el viejo Mercado de Dorrego. Él falleció cuando yo tendría unos nueve o diez años. Mi mamá debió mantenernos a los tres y se dedicó a este rubro, aunque no hizo falta que pusiera el negocio, porque ya mis tíos trabajaban acá. Esto era una tintorería y nosotros compramos el fondo de comercio. La cuestión es que ella tuvo problemas de salud y allá por el ’76, cuando yo tenía unos 16 o 17 años, me hice cargo de todo».

Omar, siendo muy chico, dejó la secundaria para afrontar el desafío de ponerse a la cabeza de la familia: «La primaria la hice acá, en la escuela de Conde (Gran Mariscal del Perú Ramón Castilla). El secundario lo cursé a la noche. Hice tres años y salí con el título de tornero oficial. Mientras tanto, trabajaba en la tintorería. Así aprendí el oficio, hasta que pude continuar solo».

El matrimonio conforma un verdadero equipo: mientras generalmente Satomi efectúa la atención al público y la identificación de la indumentaria, su esposo desmancha, lava y plancha. Tienen tres hijos: «Germán, de 29 años, es el mayor. Estudia ingeniería en sistemas y trabaja en una empresa. Luego viene Naomi, que está a punto de recibirse de arquitecta, y la más chica, Michelle, se recibió en diciembre de 2018 de diseñadora de indumentaria», cuenta Omar, agregando, ante la pregunta del periodista, que los chicos están más abocados a sus respectivas actividades que a trabajar en el histórico negocio: «A la mayoría de los tintoreros de mi generación les pasa lo mismo: los padres tratan de que los hijos hagan una carrera. Es muy sacrificado esto. No es tan sencillo. Es muy artesanal y tenés que tener perseverancia… Estar entre altas temperaturas aún en pleno verano, aspirar constantemente el olor a solvente, estar todo el día parado. Lo más importante para los padres es lograr que los hijos tengan una carrera para poder desarrollarse de otra manera».

A criterio del entrevistado, la de la falta de recambio generacional, es una de las causas por las que tantos comercios del rubro han bajado la persiana. Otra muy importante, son los requisitos exigidos por el Gobierno: «Piden que te actualices y en parte está bien. Con una caldera automática reglamentaria, si vos tenés algún problema no te produce una implosión ni nada por el estilo. Pero eso sale mucho dinero, al igual que el control anual, sumado a que los costos de los insumos y servicios se fueron a las nubes. Como deja poco margen, hay gente grande que prefiere cerrar o alquilar. La generación de mis padres debe tener de 70 años para arriba. Innovar a esa edad no se justifica. Es mucho gasto y no recuperás la inversión».

A pesar de las dificultades el  matrimonio sigue adelante, porque «al conocer todo el oficio no necesito empleados y trabajo hasta los feriados para compensar. En ese sentido a mí me sirve. También me beneficia que al cerrar varios colegas, haya menos competencia. Igual, no hubiera querido que mis hijos continuaran en el negocio», admite Omar, y afirma que la proliferación de locales que usan sistemas modernos no representa un golpe que afecte fuertemente a sus ingresos: «Como son franquicias no tienen la experiencia de un tintorero tradicional. Nosotros vemos, en cambio, mancha por mancha, y si no queda bien se vuelve a hacer la limpieza. Tenemos una ventaja por la experiencia. Estamos en mejor nivel. Después, se dice que son ecológicas pero no es real, ya que utilizan productos muy contaminantes, prohibidos en otros países. A la larga eso te perjudica la salud». Lo que indica Omar, es un tema que ha ocupado un importante espacio en las noticias, desde la aparición de los novedosos sistemas.

A modo de cierre de la nota, el entrevistado opina sobre Colegiales: «Yo lo amo, si nací acá mismo. Esto es una familia. Conozco a los vecinos… Muchos se mudaron pero la mayoría de la gente que conozco es excelente. Para mí es este el mejor barrio de toda la Capital».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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