Gente de Cole

En Álvarez Thomas y Forest, hace más de 90 años, ya estaba la librería Begega

En 1927, Aurelio Begega, un muchacho procedente de Asturias, abrió una librería en Álvarez Thomas entre Forest y Virrey Loreto (los límites actuales la sitúan en Chacarita, si se cruza la avenida cambia a Colegiales y una cuadra hacia el norte, el barrio es Villa Ortúzar). En la parte trasera de ese local, armó su vivienda. Pocos años atrás había arribado al país procedente de su España natal. Con el tiempo, logró mudarse con su familia a una casa ubicada en la misma zona, al ritmo que su negocio se consolidaba. Casi 93 años después, la librería Begega continúa ofreciendo sus servicios, en el punto exacto en el cual fuera levantada por aquel joven nacido en 1900, y con una gran parte de su mobiliario original. El paso del almanaque impulsó a su hijo Oscar a tomar la posta y hoy son sus nietos, Gustavo (59) y Daniel Begega (55), quienes se hallan al frente del emprendimiento familiar.

“Mi abuelo toda su vida se dedicó a trabajar, y nosotros ya de chicos, veníamos al negocio”, cuenta Daniel. “Yo andaba detrás del mostrador, asomando la nariz, desde que tengo uso de memoria”, agrega Gustavo.  Los hermanos no sólo rememoran de palabra los tiempos idos, Al finalizar la entrevista, además, sacarán un álbum con fotos antiquísimas y a la vez, de gran calidad, las cuales atestiguan la condición histórica de Begega.

“Entre nosotros nos complementamos bien”, afirma Gustavo, previamente a hacer hincapié en la transformación que fue experimentando la zona. “Esta es una institución decana en el barrio, acá sobre Álvarez Thomas había casaquintas. En la otra cuadra ya estaba Anilina Colibrí y también más negocios”. Con Daniel fueron testigos de esa transformación. Sus recuerdos afloran: “Esta avenida era angosta, empedrada, pasaba el tranvía. Las veredas eran muy anchas, el doble o el triple que ahora. No había edificios. La plaza de enfrente (San Miguel de Garicoits) era un estacionamiento de tranvías o trolebuses, más adelante lo convirtieron en un galpón para guardar camiones de basura. Nosotros jugábamos a la pelota ahí adentro, porque no había puertas”.

El rubro que identifica a Begega es el de papelería comercial. No obstante, a la par de su función original, desde hace unos veinte años, también es un ámbito donde los hobbies cuentan con un espacio importante. “Se nos ocurrió a mi hermano y a mí como para tener un anexo más”, indica Daniel. Sus dichos, están sustentados a partir de un panorama compuesto por una enorme colección de autos a escala, que se aprecia tanto en la vidriera como en el interior de la librería.

“Hay piezas de muy baja producción que son codiciadas por los coleccionistas, y que valen unos cuantos pesos por las pocas que se hicieron. Tenemos piezas que son únicas, un artesano argentino nos la ha fabricado a pedido y tienen su valor, pero el coleccionista las anhela por su exclusividad”, señala Gustavo. Ante la pregunta de cuál es la más rara, comenta: “Me costaría encasillar una que se destaque porque hay muchísimas. ¿Precios? Y… las más costosas pueden rondar los 15 o 20 mil pesos”.

Daniel aclara que al ser de carácter importado, el valor asignado equivale a su costo en dólares, lo que en épocas de suba de la moneda estadounidense, complica las ventas, “aunque siempre algo se vende”, apunta. “Los coleccionistas se dan una vueltita, se quedan mirando algo que les interesa, por ahí  reservan y en algún momento lo adquieren. Estas piezas se han producido de 15 o 20 años a la época”, explica Gustavo, precisando la antigüedad de los autos a escala. “Nos han consultado por los Matchbox o los Buby, pero eso hay que buscarlo más que nada con coleccionistas particulares, nosotros ofrecemos piezas más nuevas”.

Ambos hermanos son los encargados del funcionamiento y de la atención de Begega: “Hubo momentos en que tuvimos empleados pero ahora no hace falta porque el movimiento es menor”, cuenta Daniel, quien pese a todo no pierde el optimismo: “Está duro pero la remamos, ya nos acostumbramos a los vaivenes económicos, no es la primera vez que pasa esto. Estamos luchando para seguir, para llegar a los 93 años, a los 94, a los 100 años, y más también”, concluye.

JOYAS DEL ÁLBUM FAMILIAR

En la foto principal, Begega en 1930, a tres años de su apertura. En su fachada casi no ha habido cambios. 

Gustavo (izquierda) y Daniel, los entrevistados para esta nota, pero en 1981. En la foto actual, el que está a la izquierda es Daniel.

El joven Aurelio Begega, de saco blanco, detrás del mostrador, a la derecha de la foto.

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