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Buenos días Miguel, ¿nos cuenta su historia?

Mañana de un lluvioso sábado de junio. Miguel Domínguez saca cuidadosamente una importante cantidad de fotos de su bolsa. Son los recuerdos que atesora de la década del Sesenta, años en los que fue arquero del Club Atlético Colegiales. Hay fotos, y también revistas, papeles, el libro de la historia de la entidad, escrito por Roberto Banchs… y sobre la mesa, una medalla que la institución de obsequió en 2003, por haber sido futbolista de unos de sus planteles.
«Yo vivía a la vuelta del club y empecé en la quinta división. Después jugué en tercera y con edad de esa categoría, comencé a atajar en primera. Mi primer partido fue contra Liniers, en nuestra cancha. Empatamos 1 a 1».
Su esposa Isabel llega con café y medialunas. El matrimonio vive en un octavo piso, en un edificio de la calle Zapiola al 1000. Hace 30 años aproximadamente, que son vecinos de esa ubicación del barrio. Antes, también vivieron en Teodoro García al 2800 y en Munro. Tienen dos hijos, que ya formaron su propia familia: Juan Pablo (vive en Amenábar y Lacroze), y Soledad (en Crisólogo Larralde y Moldes).


«El técnico del equipo, cuando debuté, era Maril, que había sido wing derecho de Independiente. Me dice: ‘Pibe, vos vas a jugar’. Yo tenía 17 años. El arquero titular, Márquez, venía teniendo bajas actuaciones y yo lo reemplacé. Fue en el ’66. Después, seguí en el equipo. A mediados de los Setenta me retiré y no atajé en ningún lado más, con excepción de los partidos entre amigos».
Los futbolistas de aquella época, más aún los de Primera «C», categoría en la que militaba Colegiales, tenían necesidad de tener otro trabajo a la par. Cuenta Domínguez, que siendo muy joven, tuvo un empleo de mecánico en la fábrica de Virulana. A continuación trabajó en un laboratorio medicinal -allí conoció a su esposa-, y como obrero gráfico en la desaparecida Editorial Abril. En 1992 pasó a la planta de Clarín, donde se jubiló hace siete años, a los 65. De todos modos, continúa trabajando en la misma empresa, como secretario de la mutual.
«Me retiré tempranamente porque ya estaba cansado. No del fútbol en sí, porque siempre seguí jugando con amigos. Pero de Colegiales me fui un día en que no me quisieron pagar lo que me correspondía. Resulta que ese año el técnico trajo un montón de gente de afuera. A mí, que era del club, me mandaron a la tercera. Al final jugué en la primera, pero un día, al ir a buscar el pago, el presidente me lo negó por ser yo de las divisiones inferiores. No volví más. Mi viejo me insistía para que cambiara de opinión, pero no quise saber más nada. Estaba cansado».


Mediante más fotos y frases, Domínguez evoca un paso por la Selección de tercera de la Primera «C». Su memoria privilegiada, le permite reconocer los apellidos de un montón de compañeros. En particular, recuerda un partido amistoso contra la Selección de primera de la Primera «C». Se jugó en la cancha que el Sportivo Palermo tenía en Villa Lynch y salió 0 a 0. Modestamente, nuestro entrevistado afirma haber tenido una buena actuación.
«Tengo una anécdota. Una vez me probaron en River, gracias a la gestión del técnico Osvaldo Diez, que trabajaba ahí. Ese día éramos como cincuenta. Estábamos todos sentados en el anillo del Monumental, esperando la práctica. En eso pasan los de la primera de River: Amadeo Carrizo, Pinino Más y varios más… Recuerdo que Carrizo le dijo a Diez: ‘Entre todos estos no hacen un Carrizo’…»
Miguel, de sonrisa generosa, disfruta la anécdota. Casi una hora de charla ha transcurrido. Con suma amabilidad, lo mismo que la evidenciada por esposa, se ha preocupado en atender al periodista. Así como había bajado a abrir la puerta de entrada, Domínguez también se encarga de acompañarnos nuevamente hasta la calle. La puerta se cierra. En el exterior del edificio, el barrio entrega sus sonidos cotidianos. De lado de adentro, en silencio, el ex futbolista, el vecino, se sumerge en sus tareas cotidianas.
Fotos: con su esposa Isabel (arriba). En uno de los tantos equipos que integró, de buzo claro, junto al hombre de traje (centro) y en el arco de Colegiales (abajo).

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