Gente de Cole

Arte y plástica en la plaza, un negocio al aire libre

En mayo de 2016, le habíamos hecho una nota. Tres años más tarde, allí sigue Rubén Castagneris, en su espacio de la Plaza Garicoits, rodeado de atriles, pinturas y, por supuesto, muchos chicos. Son los que los fines de semanas y feriados (siempre que el clima lo permita) se acercan al sector del arenero y se zambullen en el arte que propone este hombre de 57 años al que la perseverancia lo ha llevado a permanecer en su puesto de trabajo a pesar de los coletazos de la crisis.
«Mirá, acá estamos… las cosas salen un poco más caras, los aumentos se dan como en todos lados, pero seguimos», cuenta Rubén, que le ofrece a los chicos dibujos para colorear, con sillitas para que se pongan cómodos y atriles como para que se sientan auténticos pintores. En aquel primer reportaje, los dibujos costaban 20 pesos. Hoy están el doble, precio que incluso es barato considerando lo que ha sido la inflación en este período.


Rubén también vende atriles, pelotas y demás elementos afines al público infantil. Muy temprano, carga las cosas en su auto y se instala en la plaza, mientras los mañaneros también van aproximándose. Al mediodía, es el momento en el que más tranquilo está para charlar, pues los madrugadores ya se fueron y los de la tarde, todavía no llegaron.
Durante la conversación, sacará a relucir la misma amabilidad de hace tres años, una amabilidad que no se ha resquebrajado más allá de que el humor general sufre amenazas desde todos los frentes.
«Los chicos llegan y te dan un beso… Son satisfacciones que van más allá de la venta en sí. Esto sigue siendo un negocio, porque tenés que subsistir. Pero lo que te brindan los niños, pinten o no, es invalorable. Hay algunos que hasta vienen a tomar mate con nosotros», contó en aquella oportunidad, opinión que refleja la buena onda que tiene con la gente.


A Rubén suele acompañarlo su familia en este emprendimiento que tiene ya seis años. Antes de venir a Colegiales, estuvo en la Plaza 17 de Agosto, de Villa Ortúzar, de donde se mudó cuando una vez la cerraron para hacerle refacciones.
Si bien puede dar la impresión de que lo suyo se trata de un trabajo informal, él y su actividad deben estar inscriptos en el Gobierno de la Ciudad con todos los papeles en regla. «Ofrecemos arte y plástica en un ámbito natural, para sacarlos del encierro, de la PC, y de tantas cosas que mal usadas, son nocivas para cualquiera», comentó también hace tres años. Y por lo que se aprecia con sólo quedarse unos minutos contemplando la dedicación a su labor y el trato para con las familias que se acercan, ese pensamiento conserva plena vigencia.
Hay negocios y negocios. Muchos, son el clásico local a la calle. Y aunque otros, como el de Rubén, tengan un enfoque diferente, su seriedad muy lejos está de ponerse en discusión.

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