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Un café (frustrado) con Rodríguez Larreta

El teléfono de línea sonó en la casa de Don Pablo a mediados de semana. Del otro lado del auricular, una voz grabada lo invitaba a tomar un café con Horacio Rodríguez Larreta. En la grabación le explicaban que si estaba interesado, debía llamar a cierto número telefónico. Don Pablo pensó que sería bueno estar presente, tal es así que memorizó el teléfono e inmediatamente, después de haber terminado de escuchar la cinta, marcó el número recomendado. Don Pablo pensó que daría ocupado, que nadie contestaría o que lo atendería otra grabación. Por eso, cuando al primer intento una voz femenina «real» lo saludó, no pudo evitar la sorpresa. El vecino, todavía asombrado, le contó el motivo de la consulta: «Me llamaron para ir a tomar un café con Rodríguez Larreta y me interesa…».
La chica que atendía volvió a sorprenderlo, respondiéndole con otra pregunta, que decía, más o menos, así: «Sí, ¿para qué barrio es?». Don Pablo daba por sentado que sólo se recibían mensajes de Colegiales, pero al escuchar de fondo, una o más telefonistas que atendían más gente y hacían la misma pregunta, comprendió que se estaba comunicando con una suerte de call center y que el Jefe de Gobierno porteño, iba circulando por el territorio capitalino con una propuesta igual o similar: tomar café con los vecinos.
Don Pablo siguió adelante con su propósito. Aunque enseguida la chica del call center lo hizo poner los pies sobre la tierra: había sólo doce lugares disponibles y una selección de los candidatos, decidiría si estaría o no entre los «privilegiados». Desde luego, quiso saber cuál sería el criterio que se utilizaría en la elección. Pero amablemente, la telefonista le dijo que ni lo sabía, ni la decisión dependía de quienes trabajaban en ese sector.
De haber primado la zona de residencia, o la antigüedad en el barrio, quizás podía haber estado entre los invitados, ya que llevaba más de 40 años viviendo en pleno corazón de Colegiales. Sin embargo, nunca le preguntaron ni una cosa ni la otra. El vecino formuló una última pregunta: «¿Y dónde es la reunión?». Tampoco aquí hubo respuesta concreta: «En una confitería, pero no sabemos cuál…» Eso sí: le dijeron que sería el día siguiente, y a la tarde.
Don Pablo dio sus datos de contacto para que le informaran en caso de resultar elegido, agradeció y cortó. Sabía que sería muy difícil que lo llamaran. Enseguida recordó que también le habían mandado un correo electrónico por el mismo tema. Lo buscó en su PC y lo encontró. «Pablo, ¿tomamos un café?», figuraba en el asunto. Y a continuación, una foto de Rodríguez Larreta con el siguiente mensaje: «Hola, Pablo, ¿cómo estás? Cada charla que tengo con los vecinos es una nueva oportunidad para seguir mejorando la Ciudad juntos. Por eso, esta semana vuelvo a Colegiales y me gustaría que tomemos un café porque quiero escuchar lo que pensás y que me cuentes todo lo que creés que podemos hacer para que el barrio se siga desarrollando. ¡Te espero! Horacio».
El Jefe de Gobierno parecía muy interesado en querer conversar con la gente. Tanto el email como el llamado, eran una muestra de ello. Claro que sólo doce invitados y un criterio de selección que no supieron explicarle, escasa proporción guardaban con la intensa campaña para convocar vecinos que se había llevado a cabo.
Don Pablo sintió que no había que perder las esperanzas. «¿Mirá si me llaman?», pensó. Pero la citación nunca llegaría. «Se dio la lógica», reflexionó, resignado. Varios días después, ya casi se había olvidado del tema. Se le ocurrió, entonces, mirar las redes sociales del Jefe de Gobierno, a fines de leer alguna noticia sobre aquel café que Larreta tomó en el barrio. Revisó en facebook, twitter, en su sitio web, amplió la búsqueda a Google… Nada. El vecino se preguntó si el encuentro no habría tenido cobertura periodística o si directamente, no se habría realizado. Como no tenía la respuesta, trató de olvidarse nuevamente de la cuestión. Y siguió trabajando.

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