Barrio Mío

Atardecer en Plaza Garicoits

Las siete de la tarde de un día laborable suele ser un buen momento para salir a distraerse después de cumplir con las obligaciones cotidianas. Por eso, no es casualidad que gente de muchas edades se reúnan en los espacios recreativos del barrio. Dentro de la manzana que ocupa la Plaza San Miguel de Garicoits, sólo con hacer una breve caminata, es posible observar grupos abocados a un amplio abanico de actividades.


En la esquina de Delgado y Virrey Loreto, un profesor de Educación Física tiene la capacidad de haber logrado conformar un nutrido plantel de entrenamiento. No sólo a esta hora, sino en diversos días y horarios, dirige a jóvenes de ambos sexos que apasionadamente hacen su gimnasia al ritmo de la música. Su rutina también incluye vueltas por el perímetro de la plaza, dónde se entremezclan con deportistas que corren y caminan de manera independiente.


Junto al profe y su gente, y separados por una reja, están los juegos infantiles, sector en el cual los chicos del barrio, coinciden con sus papás mientras aún las temperaturas del otoño permiten permanecer allí… Las primeras sombras de la noche no son problema, gracias a una potente iluminación. Además, en este lugar todavía hay un elemento que ha desaparecido casi por completo de otras plazas de Buenos Aires: la arena.
Desde afuera del enrejado, llega una melodía fácilmente identificable. Están cantando un «feliz cumpleaños» en una de las glorietas. Un festejo con amigos y familia, la ceremonia del soplido de la vela, y el reparto de las porciones de torta, tienen como protagonista principal a un chico de unos once años. Si la plata no alcanza para alquilar un salón, ¿qué mejor manera que celebrar al aire libre? Antes y después de la torta, chicos y chicas juegan al fútbol. No importa que no haya cancha. Ellos se las arreglan en una franja de tierra (el pasto no crece más en esa zona) paralela a la calle Delgado. Una mamá llega al improvisado campo de juego a puro grito, para terminar con la diversión de dos hermanitos: «¡Nos vamos a casa, a bañarse y a comer, que mañana hay colegio!»


En otra glorieta, cerca del mástil, con mayoría de varones, se junta el grupo de adolescentes. Unos juegan al fútbol- tenis utilizando una separación de cemento como red. Otros, conversan en los bancos de los costados. También «funcionan» al ritmo de su propia música. Desde un altoparlante, sale el regaetton que se oye a unos cuantos metros.
Otro mundo es el de los dueños de los perros. Al no existir un canil, andan por toda la plaza, si bien un verde sector central es el sitio más concurrido. Las mascotas juegan, corren, se pelean, hacen sus necesidades… Los dueños también interactúan entre sí. Muchos levantan la caca, pero lamentablemente, se observan excrementos en el césped, como evidencia de que no todos estarían haciendo bien los deberes.
Uno de los pichichos, tiene como lugar preferido él de las fuentes próximas a Álvarez Thomas. A diferencia de otros tiempos, estas fuentes funcionan con sus chorros de agua y el perro va de una hacia la otra, zumbulléndose alegremente ante la mirada complaciente de dueña.


Cae la noche en Colegiales. Al margen de los ya mencionados, más individuos que no pertenecen a ningún grupo de interés, se dan cita en la plaza. Algunos caminan. Otros, se sientan en el pasto o en un banco. Como ese hombre de unos setenta años, que lleva ya un tiempo prolongado leyendo un libro, muy cerca del lugar donde entrena el primero de los grupos descriptos.
Atardecer en la Plaza Garicoits. Así se comportan individual y grupalmente los vecinos. Tan cercanos unos a otros, tan distantes al mismo tiempo. Ni más ni menos, que un reflejo del mundo en el que vivimos.

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  • No soy un profesional de la Fotografia,O mi monitor esta mal o Todas las fotos están fuera de foco, Igual Felicitaciones por la Info como siempre

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