Barrio Mío

Un callejón sin salida y una plaza creada por los vecinos

Días atrás, publicábamos algunas líneas referidas a ciertas refacciones en el césped de la Plazoleta Zárraga, el coqueto paseo que, provisto de una fuente central, engalana un sector de Colegiales ubicado en las cercanías del límite con Belgrano.

Esta breve noticia actuó como disparador hacia la cuestión vinculada al nacimiento mismo de este espacio, el cual se dio en un contexto atípico e impulsado por los propios vecinos hace más de 30 años.

En principio, cabe mencionar que la plazoleta recibe el nombre de Zárraga en obvia alusión a la calle que culmina su recorrido en ella. Del lateral opuesto corre la calle Superí, que en esta cuadra (entre Elcano y Avenida De Los Incas) realiza su trayecto final por Colegiales para luego meterse en el barrio de Belgrano.

Hasta aquí, la «cruda» información. Lo que seguramente no muchos sepan, es que el origen de esta plaza tiene que ver con la expropiación de dos viviendas proyectadas en las postrimerías de los años Ochenta, cuyo objetivo era la apertura de Zárraga, que, al igual que ahora, finalizaba en un callejón sin salida.

La primera parte del plan fue ejecutada. Con el propósito de que Zárraga uniera la calle Enrique Martínez con Superí, las dos propiedades mencionadas fueron desalojadas y demolidas para que comenzaran los trabajos. Sin embargo, sucedió algo que no estaba en los planes: se acabaron los fondos y las obras quedaron paralizadas cuando las topadoras ya habían hecho su parte. O sea, que durante varias semanas, la presencia de un inesperado terreno baldío suplantó a las viejas viviendas. Aunque de la prolongación de Zárraga, jamás habría más novedades.

Ante este panorama, los vecinos hicieron el reclamo en las áreas municipales correspondiente a la época. Eran tiempos en que el gobierno de la Ciudad no se elegía mediante el voto, sino que todavía era designado por las autoridades nacionales de turno. Y por entonces, el gobierno estaba en poder del radicalismo.

La respuesta que escucharon quienes realizaron la gestión fue tan asombrosa como sincera: «No hay más plata y la obra no se va a terminar, se podría hacer una plaza pero los recursos tendrían que correr por cuenta de ustedes», fue, palabras más, palabras menos, el concepto que debieron digerir los vecinos (de esto dio cuenta el medio La Nación) que, entendemos, en su mayoría, eran los habitantes del edificio lindero. Superado el estupor, decidieron poner manos a la obra. Se subió el precio de las expensas para costear el estudio paisajístico y las obras destinadas a eliminar los yuyos y la gran cantidad de basura acumulada. Luego, se puso en marcha la construcción de la plaza.

Finalmente,  el 30 de mayo de 1987 el flamante espacio quedó inaugurado, con su fuente circular en el medio, con sus senderos rodeándola, con el pintoresco pasadizo ubicado entre la plaza y el edificio, y con el césped a los costados. Del lado opuesto al edificio, un pequeño grupo de locales, le daba vida comercial al sector. Y una placa colocada sobre el pasto, ofrecía detalles del particular origen del espacio: «Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. Secretaría de Obras y Servicios Públicos. Comisión de Relaciones con la Comunidad. Este espacio fue recuperado para la Comunidad con el esfuerzo  con el esfuerzo conjunto de la Municipalidad y los vecinos. Comisión Amigos Plazoleta Zárraga-Superí 1466. 30 de Mayo de 1987».

Pasaron más de 30 años. Pero el amor que los vecinos (tal vez, ya una nueva generación de ellos) siguen teniendo por la plazoleta es posible comprobarlo sólo con recorrerla y admirarla durante unos minutos.

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