Gente de Cole

Cerró Bambi, un pionero del barrio

El Restaurante Bambi era un clásico de Colegiales. Ubicado en la esquina de Freire y Virrey Avilés, había surgido en 1963 como un bar-almacén. En las postrimerías de 2018, a 55 años de aquel nacimiento, cerró sus puertas. La persiana baja y el cartel de alquiler en la parte superior del local, son inequívocas señales de que en la propiedad habrá otra cosa, sea o no del rubro gastronómico, y que el extenso ciclo de Bambi en este concurrido punto del barrio, se ha cumplido.
En la década del 60, un italiano y un español se habían asociado para abrir aquel emprendimiento. Eran cuñados: el padre y el tío, respectivamente, de Roberto Ragazzi, el hombre que décadas más tarde, por razones generacionales heredaría el negocio (al igual que su primo) y se convertiría en su último dueño.
Roberto, siendo apenas un adolescente, comenzó a atender el local, que iría mutando con el paso de los años. En los ’80 se transformó en cafetería, en los ’90 se le agregaron comidas y en 2002, pasó a ser exclusivamente un restaurante.


Bambi fue un pionero. Sin embargo, hace algo más de diez años el barrio comenzó a poblarse de negocios que apuntaban a la gastronomía. En la calle Freire, así como sobre la avenida Elcano, la competencia en el rubro se volvió muy fuerte. No obstante, Roberto no vio esto como un obstáculo insalvable. En una nota que nos concediera en 2016, manifestaba: «Los cambios siempre benefician. Hay que tratar de acompañarlos. Si bien hay más competencia, está bueno porque eso trae más gente. Si estás sólo, es más difícil. Si hoy van enfrente, mañana por ahí vienen acá, y viceversa. La gente va probando, conoce y elige. Hay público para todo. Nosotros también intentamos traer lo nuevo, pero en cuanto a estilo, este es un restaurante de los tradicionales. Con mozo, con manteles. A muchos les gusta comerse una milanesa con papas fritas o unos fideos a la bolognesa y hoy en día, estos restaurantes clásicos ya no los encontrás tan fácilmente como antes. Con los colegas nos llevamos muy bien. Si viene uno nuevo no soy de pensar: ‘Pucha, ¿otro más?’. Hay que vivir y dejar vivir.
De todos modos, era evidente que el trabajo había mermado. «La época no ayuda mucho. Ya son varios años de caída del trabajo. Desde el conflicto del campo, allá por 2008, creo -señalaba Roberto-. A los restaurantes nos afectó mucho todo eso. Cuando nos aumentan la carne y todo se pone tan caro, se vuelve difícil. Comer afuera es lo primero que dejás si viene la crisis. Te vas ajustando y te quedás en tu casa, Pero bueno, acá estamos, tratando de subsistir».


Pese a todo Ragazzi procuraba no perder su optimismo: «Lo de los aumentos de las tarifas fue un golpe importante. De todas formas, hay una clientela fiel. No te diría que a diario, porque comer afuera todos los días, no existe. Pero tenemos clientes habituales. Tratamos de hacer como con la cafetería: tener un contacto muy fluido con ellos, saludarlos con un beso, saber qué es lo que consumen habitualmente. Eso le da un sentido de pertenencia al lugar», decía a principios de 2016.
Casi tres años después, algo ha cambiado en la concurrida esquina de Freire y Avilés. Desde la puerta, la simpática silueta de Bambi, el personaje de Walt Disney, tal vez siga engalanando el amplio salón. Sin embargo, un enrejado metálico impedirá acceder a él. Acaso esto sea algo así como el simbólico final de un ciclo que alcanzó dignísimos 55 años.

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