Columnas

Encuentro con Dios

Por Enrique Biasotti (*)

Nuestros encuentros con otros siempre producen algún efecto. Hay encuentros buscados con otras personas, otros casuales, algunos queridos, quizás algunos evitados. El interactuar con otros nos toca de alguna manera, y eso puede ser muy positivo o no tanto, dependiendo de la afinidad o empatía sentimos, y de distintos factores.
¿Y con Dios? ¿Cómo nos encontramos? ¿Es buscado nuestro encuentro? ¿Quién busca a quién? ¿Dios al hombre o el hombre a Dios?
En el evangelio de Lucas, capítulo 1, versículos 39 a 45, se nos relata de un encuentro entre dos mujeres: María, la madre de Jesucristo, e Isabel, la madre de Juan el Bautista.
María quedó embarazada siendo muy joven y virgen, por obra del Espíritu Santo, siendo soltera y esperando casarse con José. Isabel, no podía tener hijos. Casada con Zacarías, sacerdote del templo judío, también por la gracia de Dios quedó embarazada siendo de edad avanzada. Dios les hizo saber esto a María e Isabel por medio de un ángel. María aceptó la elección de Dios, y Zacarías el esposo de Isabel, en principio, no creyó lo que el ángel le dijo, pero luego lo aceptó y glorificó a Dios.
María, que vivía en un pueblito del norte de Palestina llamado Nazaret, tuvo que recorrer más de 100 km, caminando o en mula, para ir a encontrarse con su prima Isabel, en la zona montañosa de Judea, al sur de Palestina, donde ella vivía, para ver cómo estaba y además contarle. Y se produce este encuentro muy buscado, no fácil de lograr por la distancia entre los lugares.
En el encuentro entre las dos mujeres está presente el Espíritu de Dios, y se puede ver la alegría de ambas, la humildad de Isabel, su gratitud, el gozo, la motivación que las movía a encontrarse, porque Dios las había encontrado y bendecido con haberles dado a cada una un hijo que iban a tener y que serían Nuestro Señor Jesús en el caso de María, y Juan el Bautista en el de Isabel.
Cuando Dios viene a nuestro encuentro, sepamos que lo hace para darnos paz, alegría, esperanza, y todo lo bueno que viene de Él. Dios quiere encontrarse con cada uno de nosotros; Él toma la iniciativa y busca al ser humano. No tenemos excusa porque según Romanos, capítulo 1:20, lo invisible de Dios, su eterno poder y su naturaleza divina, se hacen claramente visible desde la creación del mundo y pueden comprenderse por medio de las cosas hechas; esto es: la creación maravillosa de Dios que podemos apreciar. Las estrellas, el mar, la vida, etc. Todo lo que nos habla de un creador con poder.
Pero Dios ha venido a nuestro encuentro en la Navidad que celebramos año a año, en la persona de Jesucristo, quien según el Miqueas 5:2 nacería en Belén. Y sus orígenes se remontan al principio mismo de los tiempos, a los días de la eternidad. El Dios que siempre existió vino a nuestro encuentro en el niño Jesús y se hizo uno de nosotros, y murió en una cruz por tus pecados y los míos para darnos vida y perdón. En Él se muestra el Dios de amor que nos crea, nos conserva y nos lleva a la vida eterna.
Dejate encontrar por Dios por medio de Jesús. Es lo mejor que nos puede pasar.

(*) El doctor Enrique Biasotti, vecino de Colegiales desde hace varias décadas, es miembro de la Congregación Unida El Buen Pastor, de Federico Lacroze y Zapiola. Te invitamos a acercarte los domingos de 10.30 a 12 hs.

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