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Días de paranoia, falsas alarmas y prevención que nunca está de más

La esquina de Federico Lacroze y Conesa (foto) se vio alterada como muy pocas veces en la mañana del sábado 1º de diciembre. El alboroto se desencadenó por un objeto sospechoso apoyado en suelo, del lado exterior de la heladería Faricci. A simple vista, daba cierta impresión de que podía ser una pequeña granada de mano. Por eso, ni bien un vecino alertó a la policía, se produjo el arribo de un numeroso grupo de uniformados relacionados con el área de explosivos.

Durante un par de horas cercaron el lugar y los empleados de Faricci se vieron obligados a cerrar el local, ante el asombro, el temor y la curiosidad de vecinos, transeúntes y automovilistas que circulaban por esa zona muy concurrida del barrio. Hasta que se supo el resultado de las tareas de investigación: el esférico objeto tan solo era el accesorio que suele adornar la punta de la palanca de cambios de un auto. Pasado el mediodía, la heladería pudo reabrir y todo volvió a la normalidad.

El objeto encontrado en Lacroze y Conesa.

Con escasas horas de diferencia, un suceso de similares características había acontecido a dos cuadras de esa esquina, en Lacroze y Freire. Por un artefacto sospechoso situado en proximidades del Banco Galicia, se llevó a cabo un operativo semejante al mencionado líneas arriba. De la misma manera, la brigada antiexplosivos después de haber trabajado un par de horas en el lugar, concluyó que no había nada de qué preocuparse. Todo esto ocurrió mientras se desarrollaba en Buenos Aires la reunión de presidentes denominada G20.

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