Barrio Mío

Colegiales, en tiempos de La Calabria

La esquina de Virrey Loreto -calle denominada Calabria hace más de 30 años- y Conde.

Desde hace ya muchos años, la zona comprendida a lo largo de Virrey Loreto, desde Álvarez Thomas hasta Crámer, es fácilmente reconocible por su belleza y un aspecto residencial que la hace muy particular. Sin embargo, cien años atrás, esta misma zona era muy humilde y se diferenciaba del resto del barrio por reunir ciertas características. La principal, era que estaba habitada por mayoría de inmigrantes italianos de la región calabresa. De modo que el lugar se hizo conocido como La Calabria. A mediados del siglo pasado, pocos rastros quedaban de aquellos primitivos vecinos. Sin embargo, como homenaje, a un tramo de Virrey Loreto, se lo denominó, precisamente, Calabria.
La mala reputación de este sitio fue abordada en 1933 por el diario Crítica, a través del periodista Raúl Rivero Olazábal: «… hacia el noroeste se dilataba un país casi fabuloso: ‘La Calabria’. verdaderamente una sucursal de esta península cuyo dialecto era idioma oficial. Esta era la parte pendenciera del barrio y de allí llegaban con frecuencia los ecos de altercados que a veces acababan a balazos o a puñaladas. Esto recrudecía para el Carnaval y en la calle Freire se realizaba el corso vecinal de ‘La Calabria’. Claro que el buen gusto y el refinamiento dejaban mucho que desear. Este Corso estaba constituido casi exclusivamente por carros adornados con papel calado, al estilo de las carnicerías y no faltaba el gracioso que comía orejones en una bacinilla o ‘escupidera’… Existía mucha rivalidad entre los ‘Osos Carolina’ y los ‘Osos de La Calabria’.
Eran llevados por unas gruesas cadenas por las calles y cuando se encontraban se trenzaban a pelear los ‘osos’ y sus conductores y todo concluía en el calabozo o en el hospital vecinal («Las Heras»), en la calle Cabildo…»
Los animales a los que el periodista mencionaba, no eran más que personas disfrazadas, al parecer, una costumbre adoptada aquellos tiempos durante los días de carnaval. En cuanto a Raúl Rivero Olazábal, más allá de hombre de prensa, se trataba de un vecino que mediante este relato, recordaba una época que ya en 1933, se había ido: «Ha desaparecido ‘La Calabria, poco a poco y se van los potreros, se asfaltan las calles, hay más tráfico y no vemos ‘barras’ de muchachos ni agentes en las esquinas…«, continuó reflexionando con aire a nostalgia, líneas que más adelante fueron reproducidas en el libro del profesor Diego del Pino, Chacarita y Colegiales, Dos Barrios Porteños.

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