Barrio Mío

La estación cumple 120 años

Inaugurada el 17 de abril 1898, es un emblema del barrio. En íntima relación con el crecimiento que venía sosteniendo Buenos Aires a partir de la segunda mitad del siglo XIX, la construcción de esta parada del Ferrocarril del Norte (luego denominado Central Argentino y por último, Bertolomé Mitre), ha sido un reflejo del auge que los ferrocarriles experimentaron en aquellos años florecientes para este medio de transporte y el de los tranvías.
Colegiales era una barriada de un puñado de casas y enormes descampados. Todavía estaba fresco el recuerdo de los estudiantes del Nacional Buenos Aires que veraneaban en las chacras diseminadas por estas latitudes y atravesaban el «Camino de los Colegiales» (hoy Federico Lacroze) desde Belgrano hacia lo que más adelante se convertiría en la Chacarita. Tan sólo 20 meses y unos días faltaban para la llegada del 1900, cuando aquellos señeros vecinos asistían al nacimiento de un sitio que se convertiría en un ícono del barrio: la estación Colegiales cumplió 120 años este 17 de abril.

Cambia, todo cambia…
En 2015, la estación fue trasladada de modo provisorio hacia el otro lado de Federico Lacroze (entre esta avenida y Olleros), en función de las refacciones dispuestas por el gobierno, proyecto que además incluyó a varias estaciones de la Línea Mitre como Belgrano R, Coghlan y Saavedra. Poco más de un año después, regresó a su sitio histórico: Crámer entre Lacroze y Palpa.

Hasta la década pasada el puente peatonal aún era de color rojo. Hoy, es gris.

Hoy, la estación sigue en pie, con un aspecto que ha cambiado en comparación a su fisonomía primitiva. En la dirección a Mitre-Suárez, se introdujeron modificaciones que hace un par de años terminaron definitivamente con el aspecto colonial vigente a lo largo de más de un siglo. En cambio, en dirección a Retiro subsiste aquella antigua estructura provista de sala de espera y techo a dos aguas, aunque por estos días se desconoce si la prosecución de las obras -que increíblemente continúan interrumpidas- respetará su esencia o la arrasará al igual que en la mano contraria.
La cuestión referida a estas supuestas refacciones constituye un tema en sí mismo, porque pese a que es evidente que se realizaron algunas obras, resulta inconcebible la lentitud con la que se desarrollado desde que el plan arrancó, casi tres años atrás. Desde hace ya muchos meses, no se observan trabajadores en la zona y las remodelaciones quedaron abandonadas.

Después de las modificaciones. Hacia Retiro, subsiste la estructura con techo a dos aguas. Hacia Mitre y Suárez, la derribaron y levantaron un refugio.

Gracias al reclamo mediático de los vecinos, con esfuerzo sí se logró que se abriera el acceso de la calle Palpa, construido en 2015 pero jamás inaugurado hasta que las quejas se propagaron vía Internet.
Al margen de este caso puntual, los trabajos paralizados en el resto de la estación son un hecho al menos llamativo. Sin profundizar en la pena que provoca la eliminación de la vieja entrada de Teodoro García, existen obras inconclusas en ambas direcciones. Sobre Crámer, es realmente desagradable ver cómo la demolición de una de las dependencias del edificio ha quedado a mitad de camino y un inodoro atrapado entre los escombros «saluda» desde la vereda el paso de los peatones que van y vienen por esta angosta arteria. Un cuadro dantesco, que ha tomado el lugar de lo que debería ser un momento feliz. Sin dudas, la querida estación Colegiales no lo merece.

Obras detenidas y escombros tirados en la vía pública durante meses. Un aniversario triste.

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