Gente de Cole

El vecino silencioso (II)

Días atrás publicamos una nota acerca de este vecino silencioso que desde hace tanto tiempo deambula por las calles del barrio. El texto generó muchísimos comentarios. En parte gracias a ellos, una búsqueda veloz hizo que desempolváramos un magnífico relato que hace un tiempo, el colega Juan Pablo Monzón nos había enviado junto a la foto que un día de invierno, creemos, le sacó a «Abel», tal el nombre con el cual Monzón lo llamó en la nota que a continuación reproducimos.

No hay silencios más silenciosos que los que no hacen ruido porque no hay quien los vaya a oír. Así fue como un día, Abel se calló para siempre. Hace unos quince años decidió no decidir nada más, dejó de pedirle al mundo que haga lo que el mundo le exigía, dobló uno por uno sus deberes, sus obligaciones, sus responsabilidades, sus miedos, sus angustias y su rutina, jugó con todos ellos carreras de barquitos en las orillas de los cordones, viendo cómo se ahogaban en la alcantarilla. Anudó su memoria al viento, enterró su identidad bajo un puente, quemó su sonrisa y suicidó su poesía… Y ahí se fue en un vuelo eterno y rasante por las calles de la injusticia, que no son más que las calles de un pueblo que nunca escucha ni acobija.

Deja un comentario