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Así fue el asalto a un taxista en Céspedes y Forest

Esto le comentó a nuestro medio un taximetrero nacido en Colegiales: «Estaba con el auto detenido en el semáforo de Céspedes y Forest. Iba a cruzar la avenida para el lado del barrio. Ya me volvía a mi casa. Como iba con la ventanilla baja, se me acerca un muchacho y me pregunta por una calle, creo que Dorrego. Apenas le contesto, saca un arma. Parecía de verdad, aunque no sé… Me exige el celular. Se lo doy. Me pide plata. Yo llevo la recaudación debajo de mi asiento. Me agacho, saco algunos billetes de cien y también se los entrego. ‘Dame más, dame más…’ me dice, agresivamente. Pero se pone la luz verde y arranco. Quizás podía haber gatillado… pero no lo hizo».
Todo se dio en unos segundos. Nuestro interlocutor prefrió que su nombre no sea publicado. Se preguntó cuánto pueden pagarle al ladrón «por un celular robado. ¿50 pesos?». «Tendría que asaltar a diez personas por día para sacar una cifra más o menos…», le devolvimos la pared. «Ganan en el número». Eso explicaría la gran cantidad de robos de teléfonos que se ven por las calles. La charla devino en la impunidad con la que se manejan y nuevamente surgieron dos palabras entre signos de interrogación que suelen utilzarse cuando se registran casos de esta naturaleza y su frecuencia: ¿zona liberada?
El taxista mencionó algo básico: la importancia de no llevar objetos en el asiento del acompañante. Sin embargo, si bien no fue éste el caso, ni siquiera tomando estos recaudos alcanza. Un robo más. Lo sufren los comercios. Los peatones. Los automovilistas. En este caso fue un taxista con 30 años en el oficio.

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