Barrio Mío

Nostalgias del viejo Colegiales

Una lectora llamada Lucila Thompson nos escribió una bonita carta, ahondando en recuerdos teñidos de nostalgia. Dada su condición de antigua vecina, a través de sus líneas evocó famososo lugares del barrio; varios, ya inexistentes. Otros sobrevivieron y son los que de alguna manera, mantienen viva la mística del Colegiales de ayer, hoy y siempre. A continuación reproducimos el texto de Lucila:

«Nací en Colegiales, primero viví en Conesa y Federico Lacroze, justo arriba del nuevo Cafe Martínez. En los años 50 había allí una casa de enmarcado de cuadros Ferre y Perez, a quien mi papá les llevaba la contabilidad. Después nos mudamos a Lacroze entre Conesa y Cramer. Me fui del barrio a los 22 años. Mi primera escuela fue la Bernardo O’Higgins (Lacroze y Zapiola), luego me cambié a La Misericordia, de Cabildo. La confitería Alvaro fue mi deleite: medialunas de grasa imperdibles, y las malagueñas con dulce de leche… Mmmm. El cine Argos y los festivales escolares, las tres películas continuadas. La Iglesia San Pablo y sus fogatas de San Pedro y San Pablo. El Mercado (Lacroze entre Freire y Conde), donde mamá elegía el pollo en jaula y se lo mataban y desplumaban ahí mismo, qué horror… La Cervecería de Frank, en Lacroze y Conde, creo… La tienda La Reina, la fábrica de pastas de Eduardo y José Giancaterino, llegados de los Abruzzos con premio a las mejores pastas secas de Italia, en la calle Martínez y Olleros. Uno de ellos sería el bisabuelo de mis hijos… Tantos y tantos hermosos recuerdos…»
No conocemos a nuestra lectora personalmente, pero nos gustaría, como así también que siga enviándonos evocaciones como éstas, cargadas de la emoción propia de alguien que lleva a Colegiales en el corazón. ¡Gracias Lucila!

Foto: Alvarez Thomas al 1000, en la década del Sesenta. La imagen (gentileza de Roberto, de «La Gregoria Pérez») no fue enviada por la vecina que nos escribió pero guarda estrecha relación con la época y con el tema abordado.

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