Gente de Cole

Antonio, el florista de Lacroze

A Antonio lo identifica una avenida de Colegiales, quizás más que al barrio mismo: Federico Lacroze. En esta arteria tuvo su negocio aproximadamente durante 35 años, mientras que en el último lustro también Lacroze ha sido su «lugar en el mundo», con la diferencia de que se mudó un par de cuadras para el lado de Cabildo.
Antonio atiende su puesto de flores con impresionante perseverancia y dedicación: llega a las siete de la mañana y se va recién cerca de las ocho de la noche («y en verano, un poco más», aclara), tras permanecer en su pequeño puesto de trabajo, unas doce horas ininterrumpidas. Lo consultamos dónde almuerza, y sin titubear indica: «Acá adentro».
Se trata de un pequeño reducto donde apenas cabe una persona. Pero para él es un espacio donde se mueve como pez en el agua, armando los ramos, atendiendo a los clientes, charlando con los vecinos, hablando por teléfono desde su aparato de línea, o simplemente esperando que se haga la hora para retornar a su hogar.
Hay muchos que quizás piensen que su sitio de residencia está próximo a la florería. Pero no. Antonio vive en Villa del Parque. Todas las noches, lo alcanzan en auto hasta Chacarita y desde allí se toma un colectivo. Y si el amigo que le hace el favor de acercarlo, lo deja en Corrientes y Dorrego, se sube a un tren y dos estaciones después, baja en Villa del Parque.


Hasta 2013, su negocio estaba en Lacroze entre Moldes y las vías del Mitre. Pero por las obras del Viaducto, que recién comenzaban, debió trasladarse hacia la esquina con Ciudad de la Paz. «Un día -cuenta- vino un ingeniero y cuando me vio ahí se enojó mucho. ¿Pero cómo puede ser que este hombre esté acá todavía?, les reprochó a los que trabajaban en la construcción. Decía que podía sufrir algún accidente, en medio de las obras. Entonces me preguntaron en qué lugar quería ponerme. Elegí este, porque justo había un florista de nombre José que había fallecido y el espacio estaba libre».
La gente pasa y lo saluda. Antonio amablemente, retribuye. En el puesto no está solo, ya que con frecuencia, lo ayuda un amigo de años. En el diálogo con este medio, da a entender que superada la incertidumbre de los tiempos iniciales, el cambio de ubicación no lo afectó, y que su fiel clientela sigue acompañándolo.
Tenemos el atrevimiento de preguntarle la edad, pero con la sabiduría que le otorga la experiencia, elude simpáticamente la respuesta. Lo que no elude, es la contestación sobre su apellido: Antonio señala el cartel que le da marco legal a su comercio, donde nítidamente se lee, Dip. Solo tres letras, acaso, un símbolo de la simpleza y sencillez que destila este querido personaje de Colegiales.

1 comentario

  • Soy de la zona de Lacroce entre Cabildo y las vías del tren, asi es que conozco a los personajes. Cosas q conocen todos los q vivimos por allí. Creo q sería algo interesantr q cuenten algo q no sepamos todos, como la historia q llevó a esos personajes adonde están ahora. Gracias

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