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Roque Condoluchi: «El club me contuvo muchísimo en momentos difíciles de mi vida»

«Llegué en una situación personal difícil. Me dio una gran mano el señor Carlos Coclita. Me preguntó si quería colaborar en el Colegiales. Yo tenía conocimientos de billar, en la especialidad de casín, que es donde llegué a jugar en primera a nivel nacional. Vine con la función de aportar mi experiencia para ayudar en la sala. Así me fui quedando. Encontré buena gente, el club me gustó y decidí seguir acá. Ya llevo 13 años…»
Así resume Roque Nazareno Condoluchi su llegada al club. Para sus asociados y allegados, su presencia durante las tardes y noches se ha vuelto natural. Raro es el día que no se lo ve en alguna dependencia, colaborando en diversas tareas.
«Nací en Arroyo Seco, Santa Fe», cuenta. «Jugué al fútbol en el Unión de mi ciudad. Como éramos chicos y teníamos tiempo, también comencé con el billar a los 9 años. Y a los 11 ya jugaba casín. Éramos pobres, digamos… La guita no alcanzaba y había que laburar. En 1976 me mudé a la Capital. Ahí arrancó otra historia. Después, me casé y formé mi familia. Tengo una hija de 23 años Gabriela, y un hijo de 37, Adrián, que a su vez armó una hermosa familia junto con su mujer Yamila y Marianito, mi nieto.
-¿Con la misma mujer?
-Así es. Hay cierta distancia, por cosas que pasaron en el medio. Con ella dejamos de estar juntos en 2003, pero seguimos siendo buenos amigos y nos queremos mucho, al igual que a nuestros hijos. Nunca los dejamos. De ninguna manera. Lo fundamental en la vida es tener hijos y hacerse cargo de ellos.
Roque no lo dice abiertamente. Pero la emoción que invade su rostro cuando se refiere al tema familiar, denota que ha sufrido. A cuentagotas ofrece alguna información, suficiente para entender aunque sea superficialmente de qué se trata el tema y de que no es necesario indagar más en la cuestión, aunque a lo largo del reportaje, dará más detalles, que brotándole espontáneamente, son el indicio de que en él afloran ganas de sacar a la luz cosas que lleva muy adentro.
-¿Siempre seguiste con el billar?
-Siempre no, porque tenía un trabajo que me insumía mucho tiempo: operar grúas de altura. Ese trabajo me estresó bastante.
-¿Adónde jugabas?
-Yo tenía una sala en el Boedo Billar Club. La alquilaba y ahí enseñaba. También paré un tiempo en el Club Español de la calle Cerrito, donde jugaba campeonatos de casín. En aquellos tiempos lo conocí a Coclita, y más adelante me mandó a buscar porque sabía que estaba en una situación difícil de mi vida. El Colegiales, tan lindo y familiero, me vino muy bien. Quedan pocos de estos clubes.
-¿En qué te resultó útil?
-Me contuvo muchísimo. Uno a veces se equivoca en ciertas cosas. Si yo tengo una carga que llevo, es que dejé un poco de lado la familia cuando debí haber estado más cerca. Eso a la larga trae problemas y hay cosas que se cortan. Esas cosas son de a dos, no de a uno. Yo traté por todos los medios de sostener la situación pero ya no se pudo. Entonces, si vos querés a una persona, lo mejor es darle la oportunidad. Dolió, porque tenía a mi hija chica. Mi hijo en cambio ya era más grande y estaba de novio. Con mi mujer llegamos a un acuerdo y logramos que la nena se criara en un marco normal. Yo ya no estaba como antes pero igual la veía seguido. Mientras ella creció a ninguno de los dos nos vio con otra persona y eso la benefició mucho.
-¿Qué cambios notaste desde que estás en Colegiales?
-Yo dije: «Voy a cambiar de vida, me quedo en el club». Mi trabajo me había estresado enormemente. Eran muchas horas. La construcción es muy sacrificada. Como yo era el maquinista, tenía que estar siempre. No sé si habrá sido a favor o en contra, pero a los cincuentaypico de años, la decisión de dejar eso la tomé. Ahora acá estoy muy feliz. tengo que nombrar a algunos muchachos que se portaron maravillosamente: Osmar Sarmiento es un amigo; Carlos Coclita, un padre. No quiero olvidarme de Roberto Hassan, de Carlos Funes, el finadito Jorge Goméz…. Y tanta gente que en los peores momentos, como cuando me operé de una hernia, siempre estuvo. De todos los clubes en los que paré, al que más quiero, junto con el de mi infancia, es al Colegiales. Soy un eterno agradecido a este club.
-¿Dónde vivís?
-En Cramer y y Teodoro García, desde hace ocho años. Se da la casualidad de que el vicepresidente del club me pudo alquilar un departamento. Eso me viene bárbaro para que pueda estar cerca. Siempre estamos soñando con todo: con el básquet, porque es deporte que más gente atrae, y también con el billar, porque nosotros somos billaristas
-¿Tenés un horario fijo?
-No. Los horarios son relativos, lo vamos manejando. En general atiendo la parte del billar, aunque también doy una mano en el básquet. Y a la noche me quedo a cerrar. Pero soy un simple colaborador. Si yo no puedo estar, otra persona lo hace.

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