Gente de Cole

La vida por un voto

Así se titula el texto que nos envió la vecina Delfina Blanco. En vísperas de un nuevo acto eleccionario, esta lectora que hace 39 años vive en Colegiales, consideró propicia la ocasión para dar a conocer públicamente este material que escribió y tenía guardado desde agosto de 2001 (justo antes del «estallido» de diciembre). «Han pasado 16 años -comentó-, espero y deseo que el ciudadano que emite su ‘voto’ piense que su ‘voto’ es muy importante y que nuestro destino depende de cada uno de nosotros. ‘Sepa el pueblo votar’. Hemos sufrido muchas frustaciones; se ha ido agotando poco a poco la confianza en la clase política, sindical, empresarial y la ‘justicia’. Necesitamos imperiosamente recuperar la  confianza en  las instituciones», señaló a modo de introducción.

A continuación, reproducimos el texto completo:

La vida por un voto

Yo soy un voto: perseguido, acosado, enaltecido o vituperado.

Existo de vez en cuando, la mayor parte del tiempo estoy descansando, mientras todos discuten la manera de conquistarme.

Mi vida tiene corta duración. Soy útil por poco tiempo, después me tiran a la basura, como “las esperanzas de todos los que depositaron en mí su fe y sus ilusiones”.

Si yo pudiera solucionaría todos los problemas, lo que ocurre es que yo solo no puedo hacer nada, necesito de mis hermanos.

Si somos muchos, ganamos y así podemos hacer felices a unas cuantas familias; desde el abuelo hasta el tataranieto tienen asegurado su porvenir, no se preocupan por nada, que se preocupen los “otros”, los que nos metieron dentro de la urna.

A así pasamos la vida, de mano en mano, amados por unos y odiados por otros.

Ya no saben qué hacer para captarnos, aunque creo que se les están acabando los argumentos, ya no somos tan creíbles, nos miran con desconfianza. Nos sentimos muy mal. Hasta ahora éramos como reyes, de nosotros dependía la suerte de los demás y además generábamos esperanzas. No supimos entender el mensaje, por eso nos castigan.

Llegamos a destino maltrechos: rotos, borroneados, insultados e inservibles.

Creíamos que producíamos bienestar y progreso, sin embargo es todo lo contrario, cada vez hay más miseria y desesperanza.

Escuchamos decir con dolor que somos una “mierda”, ya nadie nos quiere ni les preocupa nuestro futuro. ¿Qué será de nosotros?, nos necesitan como el aire para respirar. ¡Qué responsabilidad!

Tenemos la posibilidad de cambiar y mejorar la vida de mucha gente, pero nuestros esfuerzos no han dado resultado, todo sigue igual.

Pero pese a nuestra dudosa utilidad, todavía somos muy “importantes”, hay quienes darían la vida por “un voto”.

Foto: el frente del Colegio Marcos Sastre, de Virrey Loreto entre Zapiola y Conde, durante un acto eleccionario.

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