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«En comparación a cuando llegué, el club es el día y la noche»

Una década hace que Gerardo es dirigente del club de la calle Teodoro García. Esto nos contó.

«Llegué a este club luego de haber llevado a mi hijo Juan Martín, que por ese entonces tenía 7 años, a jugar al fútbol al club Palermo. Fueron solo dos clases. Cuando terminaba de jugar a la pelota, la agarraba y tiraba al aro de básquet. Claramente, no era el fútbol lo que le gustaba. Pregunté si había básquet y me dijeron que no. Me sugirieron que buscara cerca de la estación Colegiales, que por ahí existía un club. Así, un sábado, llegamos acá. Se enganchó muy bien y ya nunca nos fuimos. Tanto es así que vivíamos en Palermo y nos terminamos mudando al barrio, que me gusta mucho. Uno de los objetivos de la mudanza, fue el de estar en una zona de mayor tranquilidad como ésta».
«No únicamente en el básquet: el club en general es el día y la noche, comparado con aquella época. A nivel estructural, deportivo e institucional, se ha progresado muchísimo. Esto se debe a que un importante grupo de personas ha trabajado duro para posicionarlo en el lugar que ocupa hoy. ¿Si yo tuve algo que ver? Y… digamos que de los últimos doce años, en diez yo también trabajé muy fuerte en la función dirigencial».
«Me fui acercando por las carencias que tenía el club. Eran muy pocos los que colaboraban, nadie quería meterse, no podíamos avanzar deportivamente, la cantidad de jugadores era escasa… En estos años se duplicó ese número. Junto a un grupo de papás pensábamos que si no hacíamos algo, esto se moría. Como todo proceso de cambio hubo resistencias. Pero a partir de entonces, con voluntad, ganas y buena fe, nos pusimos a laburar, intentando hacer las cosas bien».
«Una de mis  primeras propuestas fue la de mandar a hacer ropa institucional, eso genera pertenencia. Y fue un gran acierto. Siempre recuerdo el primer partido de mi hijo, en cancha de Imperio Júniors. Antes de arrancar, los contrarios, impecablemente uniformados. Nosotros, con pantalones y medias de todos los colores. Cada uno se ponía lo que podía. No teníamos nada. Eso reflejaba la organización de cada uno».
“Otra de las primeras propuestas, muy importante para el crecimiento deportivo, fue contar con el piso de parquet. Se trabajo muy fuerte, buscando colaboradores, aportantes y sponsors para costearlo,  ya que era imposible para el club. Los conseguimos y con el aporte de algunos asociados pudimos completar la obra”.
«Otro acierto, fue el de empezar a invertir en profesores para las inferiores. En aquella jornada contra Imperio, ellos contaban con tres personas en su cuerpo técnico. Colegiales, apenas llevó un monitor. Con el tiempo, comenzamos a jerarquizar la función de entrenador. a interesar a los jugadores de las categorías superiores para que trabajaran en el club, tal cual como es hasta la fecha. Les bonificamos por su colaboracion el arancel de la actividad y les abonamos un viático por su función. Cosa que no se hacía. Antes todo era de gauchada, lo que es válido, pero así nunca íbamos a levantar el nivel»
«La Primera estaba muy atrás y empezamos a apostar también a jerarquizarla. La búsqueda de aportes económicos fue intensa. Tampoco había una salón de aparatos y administrativamente, el club estaba muy desorganizado.  A través de los años todo eso fue mejorando. Hoy ves a Colegiales, y es otra cosa».
«En la actualidad, siento que el club llegó a un tope. Yo lo veo igual que en los últimos dos años. Estamos en la máxima categoría deportiva del básquet de Capital, con el doble de jugadores y saneado en lo económico. No hay muchos clubes que el primer día del mes, le paguen a todo su personal. Pero para dar un nuevo salto deportivo, aún falta. Para aspirar a un pre-federal de básquet, deberíamos tener una disponibilidad económica que hoy no tenemos. Acá, a diferencia de otras instituciones, lo que entra al club va al club y no a sostener equipos o entrenadores. Por eso, estamos ordenados».
«La diferencia la sacamos gracias a que un grupo de socios aportan para mantener una estructura por arriba de las posibilidades de Colegiales. Pero para seguir escalando, hay que hablar de otros números, de otros compromisos. Eso se conseguirá el día que venga una camada de padres y socios, y haga lo que hicimos nosotros diez años atrás. Uno puede tener los mejores sueños, pero si no generás los recursos es lo mismo que nada. Quizás en esta etapa podríamos jugar un año el pre-federal, aunque no serviría subir y bajar enseguida otra vez. Lo que hay que lograr es una base sólida para llegar y mantenerse».
«Lo que pedimos es que se sume más gente a trabajar. Si eso sucede, los que estamos hoy, seguramente también nos acoplaremos y todos juntos daremos ese salto de calidad. No queremos comprometer el patrimonio del club, que no la pasó bien hace un tiempo. Hasta diría, que no estuvo lejos de cerrar. Es como dice el frase: ‘El que se quema con leche ve una vaca y llora’. Por eso, no hay que volver a lo mismo. Hace tres años que por los logros deportivos, habiendo alcanzado el máximo nivel metropolitano, podríamos estar en la alta competencia, y venimos rechazando la posibilidad por falta de esos recursos monetarios. Para el año que viene, nuevamente estamos con la ilusión de poder concretarlo. Pero para eso, precisamos que más gente se acerque a colaborar».
«En lo personal, ya he manifestado mi intención de salir del día a día como dirigente. Después de tanto tiempo, necesito un descanso para poner la cabeza en cero y quizás más adelante, volver con más fuerza. Mi hijo tiene 19 años y ya empezó la facultad. No sé qué hará la próxima temporada. Pero si él viene o no, yo le seguiré dando una mano al club, a lo mejor desde otro lado y no tanto en el día a día. Ya he sido vocal, tesorero, ahora soy protesorero… En la próxima Comisión, veré que lugarcito me dejan… De mi parte, el compromiso lo sigo teniendo».

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