Gente de Cole

«Vivir y trabajar en el barrio fue un cambio tremendo»

Vive en el barrio y trabaja en el barrio. María Elizabeth Leturia es una de las personas que habitan en Colegiales, que ostentan el privilegio de concentrar sus actividades cotidianas en la misma zona. Vecina de Zabala y Alvarez Thomas, posee su consultorio de odontología integral en Palpa y Alvarez Thomas, a poco más de dos cuadras de distancia. «Tengo 34 de profesión pero empecé trabajando en un consultorio en Vicente López. Recién  hace 7 años me mudé acá», cuenta.
María comparte la jornada laboral con dos amigas que también están muy emparentadas con el barrio. «Este es un equipo formado por la doctora Scava, que también hace odontología integral y endodoncia. Ella ahora está en Saavedra, pero antes vivía en Forest y Alvares Thomas y su papá tenía un negocio de ropa en Alvarez Thomas y Elcano. Nuestra asistente, Susana, es de Zabala y Freire. Por último, está Cristian Ramírez, el encargado de cirujía e implantes. Él es el único que no es de Colegiales».
La charla con María transcurre en una de las oficinas del centro odontológico. En la sala de espera, los clientes van llegando… «El 70 por ciento es el barrio -cuenta-. Cuando nos mudamos, una buena parte de la clientela debimos hacerla de cero, aunque otros nos siguieron desde la etapa anterior. Yo ansiaba tener un consultorio cerca de casa y este, lo encontré de casualidad. Fue una oportunidad».
Nuestra entrevistada recuerda los detalles del hallazgo: «Estábamos buscando un lugar para mi suegra. Visitamos algunos departamentos hasta que vimos esto, que era un PH. Entonces le dije a mi marido: ‘Es ideal para poner un consultorio’. Y así fue. Los trámites fueron largos, al ser esto una vivienda particular. Por suerte la dueña no tuvo problemas y nos firmó todos los papeles para habilitarla comercialmente. Hubo que hacerle algunas reformas. Aparte, la vivienda estaba muy venida a bajo. Pero menos de un año después, ya estábamos trabajando».

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María atiende a usuarios de medicina prepaga y de manera particular. «Como en la mayoría de los casos, nos conviene que la gente venga por su cuenta. Los aranceles son otros. Para el particular la consulta es gratuita, ya que después se le descuenta del tratamiento. Pero la realidad es que en estos tiempos, muchos tienen su prepaga. Eso te da masividad, mayor volúmen de clientes. Al mismo tiene sus desventajas, ya que las empresas -más allá de que lo que pagan es bajo- no lo hacen enseguida. Lo que facturás hoy, por ahí lo cobrás recién en dos meses. Y en el medio hay muchos gastos de laboratorio: si por ejemplo tenés que hacer perno y corona, lo mandás al protesista. Siempre hay un intermediario al que tenés que pagarle. No es como ir al médico…».
Le preguntamos sobre la costumbre de la gente del barrio de visitar al odontólogo. Y como suele suceder en todas partes, confirma que, generalmente, el que concurre lo hace afectado por el dolor. «Son muy pocos los que hacen prevención. Con los chicos sí, la tendencia es ésa. Pero al llegar a la adultez si bien existen excepciones, no hay una conducta preventiva y de control».
Casada con Diego, tienen dos hijos: Stéfano, de 20 años, y Guido, de 17. En lo concerniente a la educación de los chicos, también la zona Colegiales-Chacarita es protagonista: «Los dos cursaron la primaria en Argentina School (Giribone y Céspedes). En la secundaria, Guido siguió ahí y Estéfano, la hizo en la Phillips (Delgado y Gregoria Pérez). Este barrio forma parte de nuestra vida», se alegra María, cuya infancia, adolescencia y juventud también transcurrieron aquí. «Desde los 2 años hasta que me casé, a los 29, viví en un PH de Freire y Zabala. La casa de atrás era la de mis abuelos y enfrente vivía Susana, que hoy trabaja acá en el Centro. La primaria la hice en el Colegio Marcos Sastre, de Virrey Loreto. Cuando me casé nos mudamos a Palermo, si bien la intención de regresar estaba… En el 93 volvimos y hace 7 años, finalmente también logré establecer en Colegiales mi espacio laboral. La verdad que tener todo cerca, ir caminando y no tener que usar el auto, fue un cambio tremendo, fundamental para mejorar la calidad de vida».

Foto: María (en el medio) junto a sus compañeras de trabajo, Susana y la doctora Scava. 

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