Gente de Cole

UN CACHO DE BARRIO

Su inconfundible figura se pasea por el barrio desde hace décadas. Para la mayoría de los que lo conocen, es Cacho. Sólo algunos, están al tanto de que su verdadero nombre es Pascual Alberto Romeo. Pero hasta los vecinos que no saben su apodo, tienen claro que es el canillita de Crámer y Lacroze. Tanto tiempo hace que el puesto de diarios es sinónimo de Colegiales, que en primera instancia lo atendía su padre Pascual. Cacho, lo heredó tras su fallecimiento y a partir de entonces se convirtió en su dueño exclusivo. Casi siempre con su guardapolvo azul y un pucho en la mano, en las inmediaciones del túnel (antes, de la barrera) ya parece ser parte del inventario de las calles de nuestro barrio.
Alguna vez comentó que la parada funciona desde 1941, que en la buena época de los diarios, llegó a vender mil ejemplares por día. Eran tiempos donde los periódicos tenían tanto auge, que por la tarde había quinta y sexta edición. También dijo que el récord de venta lo tuvo con las muertes de Bonavena y Perón, y que en cuanto a revistas, no hubo mejor salida que la de El Gráfico cuando Argentina fue campeón del 86.
Cacho afirmó que Internet provocó una merma en las ventas. Pero lo hizo sin quejas, porque su capacidad para disfrutar de su trabajo pese de los avatares de la economía y los tiempos que corren, va de la mano con su placer por el oficio. «El secreto de un buen canillita no es diferente que el de cualquier comerciante: hay que saber atender al cliente, e inclusive llegar a tener una amistad con él» decía. Y remataba: «Esto no es para cualquiera. Te tiene que gustar. Muchos se quejan de que ya no da para vivir. Es mentira. Por más que vos tengas una parada en cualquier rinconcito de Buenos Aires, si le ponés las ganas que le ponen los que realmente sienten este laburo, te va a ir bien».

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