Gente de Cole

Conde y Virrey Arredondo: la ñata contra el vidrio

Un triste 2001 trajo enormes complicaciones en una Argentina que jamás olvidará aquel año. Tampoco Roxana Caminos olvida los tiempos difíciles que debió atravesar junto a su familia, y de, entre otras cosas, los ahorros que al igual a los de muchísima gente, quedaron encerrados en el corralito. Sin embargo, en su caso cobró vigencia el viejo dicho «crisis es oportunidad», y aunque no lo sabía en ese entonces, pronto llegarían tiempos mejores impulsados por la necesidad de hallar una solución a las dificultades surgidas en dicha época nefasta.

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«Una de las medidas del gobierno de Duhalde, en 2002, fue permitir que la plata atrapada en los bancos, pudiera servir para comprar autos o propiedades», rememora Roxana, nacida en Santa Fe y vecina de Colegiales desde hace cuatro décadas. Un día, pasando con mi esposo, vimos que esta esquina se vendía. Era una pocilga, pero estracturalmente nos gustó. Mi idea fue la de poner, inicialmente, un taller de dibujo y pintura. Y así lo hice».

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Hoy, la esquina de Conde y Virrey Arredondo, sigue estando dedicada a la enseñanza. Solo que los talleres donde se aprende a trabajar con vidrio, son el principal atractivo de un emprendimiento que creció a la par de Roxana, su mentora.
«Arranqué en 1999. Yo soy arquitecta y esa fue mi profesión. Pero fui volcándome al arte y a partir de un curso que hice, me enamoré del vidrio y todas las cosas que se pueden construir con él. Entonces comencé a capacitarme más y más. Realicé diversos cursos: en Estados Unidos, en Barcelona…. y también acá en Berazategui», cuenta Roxana, haciendo referencia a la localidad del sureña denominada, precisamente, la Capital del Vidrio.

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De a poco, el local se fue llenando de objetos y de alumnos… La producción realizada por Roxana y su gente, pasó a formar parte del decorado de Hecho en Argentina, el nombre oficial del negocio, que no obstante, no posee marquesinas donde figure dicha denominación de fantasía. La propiedad, que en principio era de una sola planta, incorporó un primer piso que funciona como el espacio donde Roxana desarrolla toda su creatividad y genera una cantidad insospechada de objetos de vidrio.
Abajo, parte de esos productos se encuentran a la venta, a costos absolutamente variados y un inmenso abanico de objetos y precios.

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De todas maneras, al conversar con su dueña, es fácil deducir que no la moviliza el afán por la venta, sino la pasión que deposita en crear y vivir dedicada a estos menesteres, aun cuando no se encuentre en su laboratorio, catalogado como uno de los más completos del rubro en toda la Capital . «Por ahí estoy en otro lado y pienso cómo trabajar tal objeto o qué forma darle a tal otro. A mucha gente puede sonarle extraño, ya que en la Argentina, en general, el vidrio no está visto como obra artística, algo que sí ocurre, por ejemplo, en Estados Unidos».
En el taller -donde pasa unas ocho horas diarias-, abundan tanto los materiales como la maquinaria, pues Roxana fue adquiriéndola a medida que iba especializándose en las distintas técnicas. «Hice capacitaciones de vitraux, tifany, vitrofusión, flameworked… Cada uno apunta a determinada forma de elaborar el vidrio».

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También participó en concursos y exposiciones en el Salón Nacional del Vidrio, en Berazategui. «Los últimos tres años presenté mis obras y siempre me las han aceptado», cuenta.
La planta alta es utilizada por nuestra entrevistada para poner en marcha sus propias creaciones y dictar cursos, si bien el suyo no es el único ofrecido en la antigua casona, seguramente irreconocible para el dueño que la habitó hasta 2002: en otra dependencia, funciona el taller de Pintura China, de Ricardo Burgos, y el de Bellas Artes, comandado por Silvia Grillo. Por su parte, la atención al público está a cargo de la servicial Graciela (a la izquierda de la foto, junto a Roxana), quien aporta la indispensable buena onda como para que nadie que ingrese al local, se vaya disconforme.

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