Gente de Cole

Felices dos años, «Chacrita de los Colegiales»

La singular juguetería de Freire y Céspedes vende exclusivamente productos nacionales. Y  nada que lleve  pilas y baterías. A fines de septiembre celebró su segundo aniversario…

«Nací en Colegiales, viví acá 25 años. Después me mudé a la Zona Oeste al irme a convivir con mi pareja. Me encantaría volver pero ahora estoy presente desde otro lugar», afirma Lucía, la dueña de esta juguetería tan especial de nuestro barrio. No sólo por su nombre de fantasía, sino porque además, se trata de un local donde ni juguetes a pila y batería, ni productos importados se encuentran a la venta.
«Es un emprendimiento familiar -cuenta-. Se me ocurrió por necesidades de la vida, pensando en qué podía emprender, llegué a esto. Busqué algo novedoso, lindo… No quería poner un local que no me generara motivación».

DEL OTRO LADO DEL MOSTRADOR

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Hay un dato importante y pese a que a priori no tendría que ver con una juguetería, sí está íntimamente vinculado: Lucía es antropóloga. «Indagué un poco y pensé en los juguetes desde mi perspectiva antropológica, como forma de construcción social y apostando también a productos de emprendedores y artesanos nacionales. Por eso esto tiene mucho amor. Lo que producen los emprendedores está hecho con amor».
Nuestra entrevistada agrega: «No está visto simplemente como un negocio. Es un espacio. Acá hay un montón de asuntos que pasan día a día… Los vecinos vienen y conversan, los nenes se sientan, juegan, prueban… Las cosas están alcance de todos. Una vez una vecina dijo que no tienen batería ni pilas, pero sí un corazón de fantasía. Es la fracesita que quedó desde que abrimos».
A propósito del nombre, «se le ocurrió a mi mamá, que también vivió toda la vida en Colegiales», explica. «Pensar la juguetería para el barrio, como juguetería del barrio… Según la historia de su fundación, en la época de los jesuitas, los alumnos del Nacional Buenos Aires venían a veranear a las chacras que había en toda esta zona. Yo quise rescatar eso de la recreación, de divertirse, de pasarla bien… Un poco esa es la idea de una juguetería: disfrutar».

CANTANDO EN LA VEREDA

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Cuando a fines del mes pasado «La Chacrita…» celebró sus dos primeros años, un evento armado en la vereda convocó una nutrida cantidad de chicos quienes junto a sus papás, disfrutaron de juegos, actividades y un show musical (foto de portada). «Quedé muy feliz -confiesa alegremente Lucía-. La idea era hacer algo sencillo con mi familia. Después se fue sumando más gente y hasta vino Naranja Dulce, un grupo del barrio que da clases y talleres de música para padres y chicos. Tocaron en vivo y salió perfecto pese a que se organizó todo a último momento. Vamos a ver si el año que viene repetimos…».
De la mano de la última frase, su optimismo sigue presente más allá de la difícil situación del país: «Es un año duro, creo que se sufre en casi en todos los rubros. A pesar de todo, nosotros superamos la barrera de los dos años. Día tras día sumamos nuevos objetos y juguetes, y siento que así nos vamos renovando. Lamentablemente hubo algunos que no lo lograron. ¿Si alguna vez pensé en cerrar? Tanto como eso no, pero los altibajos existen. Pasa siempre en la vida y con todas las cosas. Este local me dio muchas satisfacciones, pero hay que estar día a día atrás de un mostrador… A veces se mueve poco, otras más… Y siempre hay que estar preparada para que el ánimo no decaiga».
En relación a su profesión de antropóloga, explica: «Es muy gratificante porque te cambia la visión de todo, pero es difícil dentro del país adecuarse a un área y tener un sueldo. Podés investigar, hacer actividades o participar. Siempre encontrás algo. Yo ejerzo desde ese lado y es lo que me ayuda a pensar todo lo que hago para la juguetería. Esto de la historia del juguete como parte de una construcción social y lo de trabajar sólo con proveedores nacionales viene de lo que tengo como antropóloga».

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20161003_121537Abajo, un atractivo rincón de «La Chacrita…». Arriba, Lucía, su propietaria.

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