Club Juventud Deportes

«ME ENCANTA ENTRENAR A LAS MÁS CHIQUITAS»

Aldana Alvarez (24 años) es una de las integrantes del staff que día a día trabajan en una de las disciplinas que más identificadas están con el club: el voley femenino. Más allá de ser jugadora de la división Mayores, Aldana (a quién todos conocen simplemente como «Cacu») se desempeña en el área técnica de las más pequeñas de la actividad, ejerciendo la función de entrenadora y guiando a las más chiquitas en sus primeros pasos en el deporte. En el diàlogo con La Voz de Colegiales, abordó éste y otros temas, empezando por develar un interrogante que a muchos socios del club inquieta:
«Por qué me dicen Cacu? Me lo puso Leo (Capdepón) en un campamento en Bariloche. Yo no sé cantar, y siempre imitaba el ruido de una batería haciendo ‘cacu, cacu’… Como desafino y no tengo nada de ritmo, quedó así. Después inventamos una historia, que era un pájaro, pero nada que ver (se ríe)».
«A Leo lo conozco desde que tenía seis años, de la parroquia y el colegio al que fui toda la vida. El era preceptor, coordinador y después estuvo con el equipo de voley del colegio. El fue la primera persona que me dijo: ‘Esto es una pelota de voley, y lo vas a jugar toda tu vida’. También caminamos juntos a Luján, inclusive con mi familia».
«A Juventud vine cuando pude manejarme sola en colectivo. Empecé siendo jugadora y al terminar el secundario, Leo me propuso entrenar las Minis, algo que ya hacía también en la parroquia. Ahí decidí hacer además el profesorado de Educación Física».
«Este año comenzó con pocas chicas en las Minis, que es una categoría de 6 a 8 años. Y vinieron muchas entre 10 y 14 años. Hace unos días, tuve a treinta nenas cuando a principio de año, había sólo seis. Ahora siempre se llena el gimnasio y a mí me encanta estar con las más chiquitas. Es voley pero más juego, diversión… Puedo hacer chistes, se ríen… Lo que es formación me gusta mucho».
«Con las Sub 13 es todo un proceso, porque hay nenas que juegan por primera vez seis contra seis. Desde afuera los partidos parecen un bodrio, pero es una etapa que es necesario atravesarla. Hay una nena que viene desde los 8 años, hoy tiene 13 y está más alta que yo. Aparte lo que creció en el juego es terrible»
«Cuando empezás a competir es un cambio grande. Ahí se dan cuenta del compromiso, de tener que ir todos los sábados, de levantarse a las 7 de la mañana cuando nos toca un partido lejos… La ayuda de los padres en esos casos es muy importante».
«Para las que todavía no compiten, todo es un juego. tengo dos nenas de 5 y 6 años, varias de 8… En esos casos dividimos la cancha en rectángulos más chicos y las prácticas consisten en pasarse la pelota, pasarla por arriba de la soga, que caiga en el aro, derribar conos… Yo misma me pongo a jugar con ellas y eso está bueno, es divertido. A las más grandes se les puede dar más técnica, aunque yo no comparto tanto eso porque así todo es muy estático, y la idea es que se muevan, se conozcan entre sí, conozcan los espacios de la cancha…»

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«En el equipo de trabajo me siento muy cómoda. A Leo lo conozco hace mil años; con Tincho (Martín Riojas) trabajamos a la par. Nos entendemos bastante bien entre todos. Hay compromiso y un clima de laburo bastante bueno. Siempre digo que es como mi segunda familia. El año pasado me la pasaba acá adentro los lunes, miércoles y viernes de 3 de la tarde a 11 de la noche. Y si ahora no lo hago tanto es porque tengo que enfocarme en terminar la carrera. Le estoy metiendo con todo para recibirme en 2017. Me hubiera gustado que fuera antes pero le di prioridad a otras cosas. En algún momento iba a ser el click y concentrarme en meter muchas materias».

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