Deportes La Normanda

El ultramaratonista-solidario: «El mejor barrio es Colegiales»

Juan Martín Saab nació en Mercedes, Provincia de Buenos Aires, hace 33 años. Hoy, es uno de los personajes habituales de La Normanda, ya que día a día transita sus instalaciones con un objetivo bien claro: entrenar a un grupo de gente a la que gusta correr. «Yo soy profesor de Educación Física y ultramaratonista -cuenta-. Un día, luego de mudarme a dos cuadras de La Normanda, me junté con Diego, uno de los dueños. Le comenté que tenía como 50 alumnos que entrenaban conmigo. Enseguida congeniamos y así comencé a venir con el grupo. Acá hacemos el acondicionamiento físico, después nos vamos a correr a Palermo y regresamos para elongar.

-¿Qué opinás de La Normanda?

-La onda con la gente es buenísima. Esto es una familia y se nota. De hecho entreno al papá de Nacha -una de las dueñas-, que tiene 92 años y a su hijo, que juega al padel en el club. Que te den lo más preciado que uno tiene, ya es una muestra de confianza. Siempre tuvimos buen diálogo y mucho respeto.

-En este club el deporte es el padel. ¿Tenés vinculación?

Sí, porque también preparo a los jugadores de La Normanda. ¿Si juego? Bueno, yo he hecho todos los deportes pero por ahora no. Solamente agarramos la paleta para hacer algunos trabajos dentro de la cancha.

-¿Cuáles son tus próximos objetivos?

-Estoy a cargo de un proyecto solidario: se trata de cruzar la Argentina corriendo, y pasar por las escuelas de más necesidad del país. En cada una, mis sponsors van dejando donaciones: las rurales, de selva, de montaña. Ya crucé Corrientes, Misiones, Salta, Tucumán, Catamarca. El próximo desafío es encarar para la Patagonia. Mientras yo paso, mi equipo hace el trayecto en camioneta y deja las donaciones.

-¿Corrés sólo?

-El trayecto completo, que son 150 o 200 kilómetros, sí. Así voy uniendo las escuelas. De a ratos la misma gente de los lugares se une. Además, llevo algún alumno que me acompaña ciertos tramos.

-¿En qué consiste tu entrenamiento personal?

-Entreno dos o tres veces por día. El primer turno es a las 4.30 de la mañana. Todos los días. Pero el premio de llegar a esas escuelas y darles una mano es gigante.

-¿No descansás ni domingos ni feriados?

No. Todos piensan que estoy loco. Sobre el horario, no hay mejor que ése. La ciudad, que es un caos, está hermosa a esa hora. Sobre todo los lunes o martes: no hay nadie. Ya me conozco a todos los repartidores de diarios, son los únicos que andan. A las 7.30 vuelvo y ahí arranca mi día. Así hasta las 22.30: llego, como y a dormir.

-¿No hay una siesta en el medio?

Debería, pero no tengo tiempo. Hay mucho trabajo. Trato de estar bien alimentado y tranquilo. Eso es fundamental. Y al hacer lo que me gusta, por ahora, no siento el desgaste. Estoy feliz de hacer lo que hago.

-¿Nunca apagaste el despertador y seguiste durmiendo?

Todos los días lo pienso y siempre me dan ganas. Pero no. Antes eran los arcos de llegada los que me hacían pegar un salto de la cama. Hoy, es la cara de esos pibes y el amor que te dan cuando llegás a sus escuelas. ¿Si llueve? Me pongo un impermeable y salgo igual. Con tormenta eléctrica corro en la cinta de casa. Los vecinos no me quieren nada cuando lo hago a esa hora.

-¿Hacés el mismo circuito o vas cambiando?

Salgo sin rumbo. Voy por el Obelisco, Puerto Madero todo. Aunque hay lugares que trato de evitar por seguridad. Hago unos 25 kilómetros que me demandan cerca de dos horas, dependiendo del frío, el viento y el sueño.

-¿Vivís solo?

Sí, y mientras siga con este ritmo seguirá haciendo así, no creo que nadie me pueda bancar tanto.

-La última: una opinión sobre el barrio.

Hace 15 años me vine de Mercedes y pasé por no menos de diez barrios. Pero Colegiales es el mejor. No lo digo porque me estén haciendo esta nota. Lo repito a cada rato.

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