Barrio Mío

CHAMUYANDO EN EL BAR CONDE

-Ariel, cómo andas… ¿Puede ser un cortado?

Cuando me disponía a sentarme, una seña del encargado del mítico bar me invitó a mirar hacia un costado. Y ahí lo vi, sentado a la mesa de la ventana que da a Lacroze.

-¡Nico! ¿Qué hacés por acá? Tanto tiempo, viejo.

Hacía muchos meses que no paraba en el bar. Su nombre es Nicolás, pero yo lo llamo «Nico, el Cinéfilo». No hace falta aclarar cuál es su gran pasión. De repente, de nuevo en el barrio, me pedía que me sentara con él. Y por supuesto, no podía despreciar semejante invitación. Lo saludé, acerqué la silla y nos pusimos a charlar. De su vida, de la mía… El estaba tomando su segunda lágrima. Sentía debilidad por las lágrimas y más todavía, del hecho de consumirlas una atrás de otra en ese sitio donde da la sensación de que el tiempo transcurre muy despaciosamente.  Luego de ponernos al día, hablábamos de bueyes perdidos en esa tarde de reencuentro. Entonces, tiró la primera frase…

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Maradona y parte del plantel de Argentinos en un pasaje de la película «Qué linda es mi familia».

-Anoche me vi una película…

Al pronunciar la última sílaba, levantó exageradamente las cejas. Se le iluminaron los ojos marrones, una sonrisa pícara se le dibujó y así supe que empezaba la parte sustanciosa de la conversación.  Nico era fana del cine nacional. Tenía debilidad por ciertas películas. Si bien todas le gustaban, no lo atrapaban tanto las que venían con excelentes críticas o grandes presupuestos. El encontraba cosas que quizás para el resto del público pasaban inadvertidas. Le fascinaba, por ejemplo, ver a los actores de hoy en trabajos de hace 30 años. Por ende, las de la década del 70 o del 80, lo volvían loco. En las escenas de exteriores, se quedaba mirando cómo eran las calles, los colectivos, los autos, la vestimenta de la gente… El género poco le importaba. La cuestión era ver una escena bizarra, las costumbres de la época o el diálogo de una pareja actoral que más adelante se convertiría en pareja en la vida real. Le atraía encontrar coincidencias de actores que habían trabajado juntos en otras películas, también directores. Reconstruía la trayectoria de los artistas como si fueran futbolistas: tal año, tal película, como si se tratara de un jugador y un club. Tanto que le gusta el fútbol,  jugaba a unir sus dos pasiones: grababa películas que contenían secuencias de partidos y, con más ganas todavía, con futbolistas auténticos  que habían intervenido en filmaciones. Un tipo extraño…

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Sandrini y Diego frente a frente. La ficción los unió en 1980.

Una vez me contó que con la esposa veían Canal Volver o INCAA TV. Ella prefería las de suspenso, de afuera, antes de los bodrios nacionales que, entusiasmado, le proponía él. Igual había conseguido que su mujer le hiciera la gamba, aunque sin comprender lo que a él tanto lo deslumbraba…  Bah, al menos, eso era lo que decía Nico…

-Te estaba contando la que vi anoche.  Esta la saqué de youtube…

Internet también era una espectacular abastecedora para este querible pesonaje. En la PC o la tablet, solía hallar lo que la televisión no ofrecía. La curiosidad me picaba. Bastó que yo pronunciara tres palabras,  para que se largara a hablar de su hallazgo.

-¿Qué es lo que viste?

-«Qué linda es mi familia». ¡Peliculón! Luis Sandrini, Nini Marshall, Palito Ortega y escuchá esto: ¡Diego Maradona! La dirigió el propio Palito y además había un elencazo: Rolo Puente, Alberto Martín, Mariana Karr, Luis Tasca, las Trillizas de Oro… Hasta Juan Carlos Altavista hizo de diariero. Y siendo un peli de Palito Ortega no podía faltar el Muñeco Mateyko interpretándose a sí mismo.

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Don Luis y la inigualable «Catita», Niní Marshall.

-¿Y el Diego de qué hacía?

-Mirá. Ese fue su debut en el cine. Corría 1980, todavía jugaba para Argentinos Júniors. Pelo corto. Ropa ajustada. Una cara de nene terrible. Recién al año siguiente lo compró Boca. Pero en ese momento ya era crack. Después participó de varias películas más pero haciendo de él mismo. Acá no. Resulta que Sandrini interpretaba al presidente de un club chico. Un día fue a ver la práctica del equipo. La filmación se hizo en cancha de Defensores de Belgrano.  Había varios jugadores de Argentinos pateando: D’Angelo, Domenech, Favret, Morel, Espíndola, Tabita García. El utilero Galíndez también andaba por ahí. Salen en los títulos como «agradecemos la colaboración  desinteresada de…». Estaban vestidos con camiseta de Argentinos y todo. Pero el protagonista de ese segmento es Diego.

-¿Y habla?

-Tiene un corto diálogo con Sandrini, que está con otros dirigentes al costado de la cancha. Maradona se acerca desde el medio, haciendo jueguito. Es una escena media  bizarra porque la cámara no los toma a los dos juntos. Es obvio que los filmaron en tiempos distintos y después compaginaron. Incluso Maradona tiene una voz rara, parece doblado…

Nico no criticaba esas perlitas de edición. Al contrario, le divertía descubrirlas y cuántas más había, más disfrutaba.

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Mariana Karr y Palito Ortega.

-Unos segundos más tarde sí se reúnen en el mismo plano. La charla que tienen es increíble. Primero, Domenech, que es el único jugador que habla aparte del Diez, le dice algo así: «Andá que está el presidente, parece que te venden». Ahí es cuando Diego va para el costado. Y Sandrini le tira: «Un día de estos me pongo la 9 y salgo a hacer dupla con vos». Maradona le pregunta sobre su supuesta venta y don Luis le contesta: «Mientras yo esté en el club vos no te vas; después del Mundial, sí». Hacían una parodia de lo que sucedía en la vida real, porque Argentinos no lo quería largar. Estaban en un tira y afloja constante. Y entonces le manda la frase premonitoria: «Vas a ser una estrella mundial, cuando llegue ese momento no te olvides de tus amigos ni de tu familia».  Diego replica: «Yo no me quisiera ir nunca de acá». Después se aleja, patea al arco y hace el gol. El que la ve pasar es Rafael Seria, aquel arquero campeón Mundial juvenil en el ’79 en Japón, aunque el titular era Sergio García. Ahí cortan y en la próxima escena aparece Palito con las Trillizas de Oro.  ¡Qué época!

-¿Eso era todo?

-Esa parte dura no más de tres minutos.  Diego ya no vuelve a salir. En realidad una de las historias secundarias giran en torno a que el club necesitaba la guita de una transferencia para salir del pozo.  El presidente se oponía a los demás directivos: «Si les hago caso a ustedes y lo vendemos nos queman el club», les decía. Pero toda esa cuestión parecía más bien una excusa para mechar a Maradona en la película. Imaginate, ya se venía hablando de que sin haber siquiera ido a un Mundial, estábamos ante la presencia del mejor jugador del mundo.

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Las Trillizas de Oro y Ana María Cores.

-¿La película de qué se trataba?

-El argumento es sencillo. Un matrimonio, Sandrini y Niní Marshall, con tres hijos: Rolo Puente, Silvia Merlino y Palito Ortega, que es adoptivo, pero tan querido como los demás. Palito es un artista que recién se inicia y le cuesta conseguir trabajo. Pero de a poco empieza a pegar buenos laburos y se va haciendo famoso. Al final se complica la cosa cuando aparece el padre biológico. Ahí Sandrini se luce con ese talento que tanto le elogiaron, eso de que te hace reír y llorar al mismo tiempo.  Al estar Palito, la película va mucho para el lado musical. El canta algunos temas; uno, en conjunto con Las Trillizas de Oro. ¡Memorable! Aunque  lo que más se busca con la película es resaltar los valores de la familia. El título te lo dice todo.  ¿Querés un par de perlitas más?

-A ver…

-Así como fue la primera película del Diego, fue la última de Sandrini y Niní. Ella tenía 77 años y él, 75. Don Luis murió antes de que la estrenaran. Se descompuso en una sesión de fotos que armaron para la promoción. Lo internaron y falleció doce días antes del estreno, el 5 de julio de 1980. Palito, en los títulos, le hace una linda dedicatoria. Esta también fue la última película que dirigió. Tenía 38 años. Niní tampoco volvió a actuar en cine, pero murió recién en 1996, a los 93 años.

-Eso de andar calculando las edades es tu fuerte…

-Sí, puede ser. Es impresionante ver como para unos la vida se acaba y para otros recién comienza. ¿Pero te digo lo que más me impresionó de «Qué linda es mi familia»?

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Un jovencísimo Joaquín «Pimpinela» Galán, cuando aún integraba el grupo Luna de Cristal.

-¿Qué?

-Verlo a Joaquín Galán sin barba. Uno de los segmentos musicales lo hace él con su grupo melódico Luna de Cristal. Un tiempito más adelante formó Pimpinela con su hermana Lucía ¡Estaba irreconocible! Me di cuenta que era él por los comentarios que había en youtube, debajo del video.

Basta para mí. Demasiado para el día del reencuentro con Nico. Le pagué a Ariel los dos cortados. Nico hizo lo propio con las tres lágrimas que se tomó y salimos hacia Federico Lacroze. Nos despedimos. Quedamos en volver a vernos.  El caminó hacia Freire; yo, hacia Conde. Feliz por haber vuelto a ver a ese viejo amigo, me puse el buzo que llevaba atado a la cintura. Atardecía, en una semana de marzo llamativamente fresca. Se venía el otoño.

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