Gente de Cole

CHOFER, CHOFER… ¡APURE ESE MOTOR!

Carlos Alberto «Fido» Lanieri (42) maneja un micro escolar por las calles de Colegiales.
Dentro de la inmensa gama de «laburantes» que a diario salen a ganarse el pan por la ciudad, figuran los de un rubro no tan numeroso, pero que sí poseen un gran protagonismo en las calles: los choferes de micros escolares. «La Voz de Colegiales» entrevistó a uno de ellos, quien trabaja para Argentina School, colegio ubicado en Virrey Avilés y Elcano (jardín de infantes) y Giribone entre Céspedes y Palpa (primaria), y nos contó acerca de los puntos a favor y en contra surgidos a partir de desarrollar un trabajo tan particular como este. Función laboral al margen, también indagamos en una vida privada repleta de intensas experiencias, ante las cuales no dudó en abrirse valientemente.
fido
«Me llamo Carlos Lanieri pero todo el mundo me conoce como Fido desde los 18 años. Teníamos un boliche bailable con diez socios, y cinco nos llamábamos Carlos. Lo resolvimos poniéndonos apodos. Yo era muy parecido al personaje de la propaganda de Seven Up y me quedó. Si hoy voy por la calle y me llaman por mi nombre, ni me doy vuelta».
«Trabajo en esto hace seis años. Como decía, fui dueño de un boliche en Blanco Encalada y Cabildo. Por la crisis de 2001 se fue todo al tacho. Después trabajé en un reparto de hielo, un laburo muy difícil por tanto peso que estás obligado a levantar. Hasta que entré acá  por intermedio de la señora Alicia y su hija Alejandra -las dueñas del micro-, que me contactaron un verano que estaba en Mar del Plata. ‘¿Querés arrancar cuando empiecen las clases?’, me preguntó Alicia. Largué el reparto y acá estoy».
«A mí siempre me gustaron los chicos, por eso este trabajo me resulta gratificante. Tal vez, porque yo nunca pude tenerlos. A los 23 años me casé y un año después mi mujer falleció. Un día la pasé a buscar por casa. Le toqué el timbre y me dijo que ya bajaba. Al rato cae sobre mi auto desde el noveno piso. Se suicidó. Hoy  lo cuento sin problemas, pero me costó superarlo. ¿Terapia? No, nunca hice. A cierta gente le es útil, pero en mi caso salí adelante sin ella. Algunos se quedan tirados en la cama, deprimidos. Yo no es que no me deprima, pero eso nunca lo pude hacer: siempre tuve que salir a laburar para comer».
«Con mi actual esposa, Carina, tampoco podemos tener hijos. Hace unos años le detectaron cáncer de cuello de útero. La operaron y está bien. Igual sigue con controles. Lo que sí hemos pensado es en adoptar más adelante».
«Además de chofer, soy maestro mayor de obras y en los momentos libres -los sábados inclusive- me dedico a esas tareas… ¿Un día mío? Me levanto a las 5.30. Con el micro le pego hasta las 9. De ahí hasta las 12 hago laburos de pintura, plomería, albañilería… Vuelvo al colegio y a la tarde llevo a los chicos a Parque Norte, donde tienen gimnasia. Entre las 3 y las 4 me duermo una siestita en el micro, que es sagrada porque si no, no aguanto. Después, otra vez al colegio. Termino a las 7 y sigo con mi otro laburo. A las 11 de la noche llego a casa. Me acuesto a la 1. A las 5.30, de nuevo arriba».
«Es realmente estresante conducir un micro con el tránsito de hoy. Pero gracias a los chicos, siempre me vas a ver contento. Ellos logran sacarme una sonrisa. A algunos los conocí en jardín y ya están en séptimo grado. Verlos crecer te da esa felicidad. Uno se siente parte de la vida de ellos. A mí me emociona».
«Yo les pongo la música que ellos piden, también les grabo CDs.Todo eso ayuda a mantener el buen humor. A veces hacen lío, eso sí, pero si bien admito que no sé ponerles límites, no se pasan de la raya. No tienen maldad».
«Con los colegas hay buena onda. Por ahí ni los conozco, pero si nos cruzamos por la calle igual nos tocamos bocina. ¿Peleas por el tránsito? Con los chicos arriba, jamás. Ahora, si no tengo a nadie arriba y me buscás, me vas a encontrar. Una vez por un tachero que me atravesó el coche sobre Avenida de los Incas tuve que bajarme con el palo de las gomas. El tipo no entendía nada. Pensó que, como los colectiveros, yo tenía prohibido bajarme. Y se fue… Cuando no están los chicos y me atacan, yo me defiendo».
«Con los padres tampoco he tenido problemas, más allá de un hecho aislado con una señora en la puerta del colegio, que estacionaba donde tenía que hacerlo yo. Pero los papás son unos fenómenos. Los de segundo grado hasta a los asados me invitan. Nos divertimos mucho».
Los que deseen contactarlo para realizar trabajos de pintura y plomería, su teléfono es 15 5855 2439

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