Centro Montañés Deportes

Es hora de descubrir el… CENTRO MONTAÑÉS

Aquel desprevenido que alguna vez pasó por Jorge Newbery y Crámer, seguramente no reparó en la existencia de un club, justo antes de llegar al puente con dirección a Cabildo. Claro, nadie tiene la obligación de saber que detrás de ese inmenso portón de madera y una fachada de enormes ladrillos, se esconde un mundo… Si uno se anima a ingresar, lo primero que verá es un colosal restaurante especialista en comidas típicas, donde hasta películas de gran renombre -como El Hijo de la Novia- se han filmado. Pero el Centro Montañés de Buenos Aires no se limita a lo gastronómico, sino que tiene una actividad cultural y deportiva que transita rumbo a los cien años años de vida. En consecuencia, no es difícil deducir que la entidad es dueña de un pasado repleto de vivencias, que La Voz de Colegiales a través de esta nota, se encargó de resumir detallando los acontecimientos claves en su rica historia:
ASÍ NACIÓ. El 3 de junio de 1923 es su fecha de fundación, dada por la fusión de otras dos entidades: el Centro Montañés Cantábrico y el Centro Montañés de Liebana en la Argentina. El club nuclea a los miembros de la comunidad cantábrica, con origen en el norte de España, entre el País Vasco y Asturias. A través de centenares de años, fuertes oleadas inmigratorias procedentes de estas tierras, se afincaron en América. Nuestro país recibió una nutrida cantidad de paisanos.
PARA QUÉ SE REUNÍAN. El objetivo que perseguían, tenía que ver con seguir desarrollando sus actividades socio-culturales de manera comunitaria. Y una de las actividades estaba dada por la práctica de un juego típico de Cantabria: los bolos (Bolos-Palma, era la especialidad). Las canchas donde se practicaban se denominaban «boleras», y se llenaban en ocasión de los partidos, tal era el furor que causaba este deporte entre los habitantes de la región. En Buenos Aires, una de las boleras más famosas estaba ubicada en Corrientes al 4200, y allí jugaban los socios del Montañés cuando aún no se había inaugurado la sede Colegiales.
BIENVENIDOS AL BARRIO. En principio habían tenido una sede administrativa en la calle Victoria (hoy, Hipólito Irigoyen). En 1935 adquirieron el predio de Jorge Newbery 2818, que originalmente era aún más grande. Pero en 1950, por razones económicas, el club se desprendió de cinco lotes situados sobre Crámer y otro en Jorge Newbery. El club se achicó, pero a su vez, en donde existía un inmenso jardín -en el acceso, sobre Newbery- el Centro construyó un salón que constituye un valioso punto para albergar diversas actividades.
UNA COLECTIVIDAD AMIGA. Dato curioso: durante algunos años (allá por los 50) el Centro compartió instalaciones con el Club Ausonia, entidad de italianos que carecían de sede propia. De ahí que numerosos inmigrantes de ese origen, inclusive la familia paterna de Daniel Scioli -vivían muy cerca, en Villa Crespo- concurrían asiduamente para desarrollar sus actividades.
EL CENTRO MONTAÑÉS, HOY. Con el paso del tiempo y el devenir de las nuevas generaciones, se fueron dejando de lado los Bolos Palma. Hoy, si bien la cancha se conserva, también hay un interesante abanico de actividades. En cuanto a lo deportivo, el club tiene su equipo de pelota-paleta (compite en interclubes); también funciona una escuelita de fútbol 5, y hay canchas de tenis y básquet. Asimismo, se dan clases de taekwondo, yoga, flamenco y tango. Para eventos, también a disposición de socios y no socios, está el citado salón de fiestas, a lo que se suma un quincho con parrilla. Para informes: 4552-2802.

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Hugo Rodino Lalin es el bibliotecario de Centro y autor de varios libros. Buena parte de los datos de esta nota los extrajimos gracias a la información que amablemente nos dispensó en ocasión de nuestra visita a la biblioteca, que por otra parte constituye otro de los grandes atractivos de la institución. Allí también entrevistamos al presidente Francisco Figueroa Jorganes y su hermano Manuel.

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Una vista del enorme salón comedor y restaurante, famoso en todo Buenos Aires por la calidad de su menú y la hospitalidad de quienes lo atienden.

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